Síguenos en redes sociales:

Erredakziotik

J.L. Hurtado

La naturaleza desatada

Cuando estas líneas salgan publicadas, Venezuela habrá pasado ya una semana sumida en el shock del doble terremoto que asoló varias regiones del país. Las imágenes y las voces que circulan en redes y la información de la prensa estremecen el corazón y evidencian la impotencia humana ante el poder desatado de la naturaleza. Sin control y sin ética, sin remordimientos, no hay distinción entre buenos o malos: a esas fuerzas no las sujeta poder alguno, ni siquiera alcanzamos a comprenderlas.

Sin embargo, este desastre pone también de manifiesto la incapacidad del Estado –que debe amparar a sus ciudadanos– para afrontar la crisis y sus consecuencias. Primero, la pérdida de vidas; luego, la destrucción de bienes fundamentales para la vida. El aparato estatal se ha visto completamente desbordado, mostrando una alarmante incapacidad para suministrar alimentos, refugio o cobertura sanitaria básica. La gestión de la crisis expone la fragilidad institucional de la Venezuela post-Maduro, atrapada en un colapso que asimila el territorio a un Estado fallido. Pero, al mismo tiempo, la reacción de su sociedad civil renueva la fe en nuestra condición humana: levantan escombros con sus propias manos, ofrecen cobijo y comida, y sostienen los precarios servicios sanitarios. La ciudadanía venezolana –y, cabe decirlo, la de muchos otros países– supera con creces a sus gobernantes. Desde Euskadi, un abrazo solidario.