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Erredakziotik

J.L. Hurtado

Expectativas acorraladas

Ya es una sensación palpable en la calle y en las conversaciones, propias y ajenas: estamos al borde de la debacle. La crisis política ha alcanzado un nivel capaz de desbordar las costuras democráticas que, en teoría, ordenan nuestro día a día. La presión judicial y mediática sobre Sánchez en Madrid alcanza niveles insostenibles. Es imposible gestionar adecuadamente tanta información –o desinformación– sin acabar con un desgaste enorme. Y lo mismo ocurre a la contra. No se puede gobernar bajo tal volumen de requerimientos judiciales sin que crujan buena parte de las estructuras del Estado.

La realidad es que Sánchez está acorralado y la legislatura vive inmersa en un caos que no parece tener salida. La alternativa no es mejor. Feijóo ha demostrado su incapacidad para forjar alianzas viables que le ayuden a alcanzar el Gobierno mediante una moción de censura que no activa porque sabe que no puede ganarla. Salvo Vox, ningún partido muestra señales de apoyo. Feijóo también está acorralado, pero por los suyos. El famoso “el que pueda hacer que haga” se ha aplicado a la perfección, pero se han topado con un Sánchez en modo resiliente, enrocado en su prerrogativa de convocar elecciones cuando le resulte más conveniente. Mientras tanto, en Euskadi crece la sensación de estar también acorralados por dos partidos inmersos en un bucle destructivo del que no saben salir y que corroe las expectativas.