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Asier Diez Mon

Pasarlo (sobre todo) bien

Hubo un tiempo en el que la acción política era un resorte que permitía ganar derechos a los ciudadanos. Sin entrar en detalles sobre el camino recorrido, nadie tiene dudas hoy sobre el resultado de aquel esfuerzo, en muchas ocasiones pagado con la vida. La prueba son los intentos de los politiscastros que ahora tienen como principal (tal vez único) argumento el recorte del gasto social. A la mayoría no le sobra ni un gramo, pero hay gente empachada por su sueldo de parlamentario o concejal que quiere más para sí y menos para el resto. Hay un suelo de derechos que defiende desde hace ocho años el bloque de partidos de la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia. Digamos que el enemigo común –un energúmeno con una motosierra o el mismísimo Sauron– ha unido al resto de tribus. Y, pese al entusiasmo de los sondeos del CIS, todas las piezas son claves en esa defensa. Pero hay quien no ve el peligro, ni el del jefe ni el propio. Repasando la historia reciente, el pacto de Patxi López con el PP para ser lehendakari de honda huella más allá de Pancorbo, ahora borrada a los pies de los caballos de la derecha por su entrega al líder supremo español, y la perdida de históricos bastiones socialistas, un estratega con poso apostaría por ganar terreno desde la templanza. Qué va, el asunto está al parecer en manos de un grupo de kamikazes acostumbrados a pasarlo bien y tomárselo todo a la ligera. ¿Y si subimos una foto de Aitor Esteban tirándose a una piscina por la vaina esta del nuevo Estatuto? No hay hue..., respondió el cerebro.