Vivimos en un mundo complejo, atravesado por múltiples planos de realidad que se afirman, chocan y se contradicen de manera continua. Parece que la teoría del gato de Schrödinger cuaja hasta volverse tangible. El célebre experimento mental propuesto por Erwin Schrödinger en 1935 plantea que un gato encerrado en una caja puede estar vivo y muerto a la vez –en superposición– hasta que un observador la abre y obliga al sistema a definirse. Paradojas de la mecánica cuántica. Pero hoy las paradojas y contradicciones parecen alcanzar niveles absurdos. Tenemos, por ejemplo, la convicción de que Trump es un lunático que, en un mundo “normal”, nunca habría llegado a la presidencia de Estados Unidos. La realidad, sin embargo, dice otra cosa. También tenemos la certeza de que el discurso del Papa contra la guerra es éticamente irreprochable, justo y acorde con principios que cualquier religión estaría dispuesta a suscribir. La realidad, en cambio, muestra que Trump acusa a León XIV de ser “liberal” y que los ultraortodoxos judíos están muy lejos de aceptar la palabra papal. Tenemos igualmente la certeza de que los partidos a la izquierda del PSOE deben forjar nuevas alianzas para afrontar las próximas elecciones sin malgastar votos. La realidad vuelve a desmentirlo: están todavía muy lejos de siquiera intentarlo. Y también persiste la certeza de que el ‘Guernica’ de Picasso puede, debe y tiene que exhibirse en tierra vasca. La realidad, por el contrario, indica que se juega con cartas marcadas y que se encomienda la decisión a quienes son, al mismo tiempo, juez y parte. Pero aquí se impondrán nuestras certezas. El ‘Guernica’ vendrá. Por convicción. Es la realidad.
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