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Erredakziotik

J.L. Hurtado

Una cuestión de ética

Una vez más, reafirmo mi teoría de que, si Ayuso no existiera, habría que inventarla. Y una vez más me declaro ayusista convencido, rendido a sus pies. Sin ella no tendría esas largas conversaciones de café en las que trato siempre de convencer a las facciones antiayusistas de que el personaje es recurrente en la política española: inadmisible pero histriónico, caótico pero al que se le puede dar el cariño que se le da a una marioneta. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha protagonizado una larguísima lista de crisis y polémicas que la convierten, de forma sorprendente, en casi la única opción del PP para arrinconar a Sánchez. A bote pronto, rememoro la crisis de Los Pocholos o la que la enfrentó a Pablo Casado, y que forzó un viraje a la derecha de los populares, ya que terminó favoreciendo la llegada de Feijóo al liderazgo del partido. Con todo, la crisis más prolongada y de mayor impacto fue la gestión de las residencias de mayores durante el covid, un asunto que todavía está empezando en los juzgados y que parece muy difícil de digerir, sin incidir en demasía en las investigaciones judiciales a su pareja por presunto fraude fiscal. Así que no pilla por sorpresa su última andanada relacionada con el ‘Guernica’ y la posibilidad de su traslado a Euskadi. Dice Ayuso que es una pretensión ciega, absurda y cateta. Ciegas y absurdas son las huestes que vitorean sus aguerridos y teledirigidos mensajes. El ‘Guernica’ debe volver a Euskadi por ética y por justicia, con independencia de la opinión de Urtasun, de quien esperábamos más.