Cuando se produce una muerte violenta, un asesinato como el ocurrido el pasado viernes en Uribarri, la atención suele centrarse en los hechos, en la investigación, en los detalles que rodean al crimen. Pero con demasiada frecuencia olvidamos mirar más allá del titular y pensar en lo que queda, en el impacto silencioso que ese suceso provoca en el entorno más cercano de la víctima. Porque detrás de cada persona asesinada hay una familia que deben aprender a convivir con una ausencia repentina y brutal. Escuchar en Radio Nervión a uno de los hijos del hombre asesinado fue conmovedor. Con gran educación, pedía algo tan sencillo como respeto a su dolor, a su duelo, su intimidad. Un respeto que muchas veces no sabemos bien cómo expresar: si con un abrazo, con una palabra, con el silencio. Y, en ocasiones, basta con una mirada discreta o con dejar espacio. En ese ejercicio de respeto también tenemos una responsabilidad clara los medios de comunicación. A la hora de contar lo sucedido, de elegir las palabras, las imágenes... conviene no olvidar nunca que detrás de cada información hay personas que sufren. Informar es necesario, pero hacerlo con sensibilidad, aún más. En el bar Fernan, los hijos de Luis han colocado un cartel de agradecimiento, cargado de significado y un Te queremos, aita. Quizá ese cartel sea también una lección para todos: recordar que, más allá de la noticia, siempre hay una familia, y que el respeto, muchas veces, empieza por saber hasta dónde contar… y cuándo callar.