AsOMA de nuevo el cuadragésimo quinto y cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos a este balcón que cierra el periódico que usted tiene en su manos, aunque no se puede descartar que tras echar un vistazo a los titulares de primera sea está última página el inicio de su puesta al día con la actualidad. En mi caso, que ya marco muescas de décadas en el revólver de este negocio, el orden siempre altera el producto. Busco hasta con inquietud el tema que abre el periódico y su réplica en el editorial. Es lo que tiene estar deformado profesionalmente. Así que estuve cerca de sufrir un ataque de ansiedad hace unos días en el Caribe mexicano, cuando no encontré un diario local en el que masticar la intervención en modo Marvel de Donald Trump en Venezuela. Unos días después, al pagar una actividad en el hotel nos dieron el precio en dólares y nos invitaron a pagar en metálico bajo la amenaza de cobrarnos un extra por el uso de tarjeta. Tras mostrar nuestro rechazo, el responsable nos llevó a un cajero oculto en el que el personal del hotel podía sacar dinero en pesos y nos perdonó la calderilla que generaba el cambio de moneda. Eso sí, nos aclaró el panorama. Él cobra en dólares y lo nota cuando se junta con sus hermanos en Navidad. Y además fue extremadamente claro con la situación de su país. “Ustedes están asombrados por la invasión de Trumpito a Venezuela, pero miren a su alrededor: casi todos los clientes son de EE.UU. y pagan en dólares”, comentó como el derrotado de una guerra.