Decía el filósofo estoico griego Epicteto que “no son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas”. Y sobre opiniones y crisis sabemos mucho en este país. Las crisis nos muestran lo frágil que son nuestras estructuras y nos obligan a analizar la realidad tal y como es, no como quisiéramos que fuera. Es el dolor del crecimiento. Por ello es necesario adueñarse de nuestra actitud ante ellas. En caso contrario nos convertimos en esclavos de lo externo. Por ello tenemos que aplicar dos ideas clave: proceso y carácter. En el caso del Athletic, debe abstraerse de lo incontrolable, como por ejemplo la clasificación, o de las críticas de los medios de comunicación, y centrarse en el trabajo diario. Hay que dejar de tener miedo al fracaso, la libertad llega en ese momento. Y, por supuesto, hay que volver a lo básico. Cuando no llega para construir un rascacielos, pensemos en un edificio simple… pero robusto. Dos notas más para aclarar el camino. El líder (los líderes) debe asumir su responsabilidad, su culpa, con el fin de aliviar la presión sobre el grupo y así facilitar la evolución del mismo a posiciones y actitudes positivas. Hay que gestionar el entorno y centrarse en el siguiente reto. Es el famoso partido a partido tan en boga en los últimos años. Cuando la crisis aprieta, la creatividad se bloquea. Se debe volver a un esquema sólido y básico: orden defensivo y pases cortos. Hay que separar el ruido de la Catedral de la actualmente dura realidad que está viviendo el vestuario. Mantener la calma cuando el entorno exige cambios drásticos. Hoy, el Athletic exige lo mejor de su afición.
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