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MESA DE REDACCIÓN

Asier Diez Mon

Viaje con nosotros

La canción de La Orquesta Mondragón suena en mi cabeza de vez en cuando al subirme al tren de Renfe cercanías, ese metro encubierto muy útil para vecinos de Ametzola, Zabalburu o Miribilla desde que es gratis. En realidad, será gratuito cuando finalice el periodo de gracia concedido por el Gobierno de Pedro Sánchez, porque ahora cuando la compañía ferroviaria devuelve los diez euros del abono, lo más probable es que ya se haya abonado los diez euros del cuatrimestre en curso. Esa rueda dejará de girar en enero del próximo año, si la inflación continúa suavizándose, a no ser que el presidente socialista necesite otra medida populista. El caso es que, desde que está en marcha el programa, al personal no le duele el codo y hay quien se sube al Renfito en una estación para bajarse en la siguiente y en hora punta los vagones van de bote en bote en el trayecto entre las estaciones de la capital vizcaina. Por ello, el viaje a veces evoca la pegadiza tonadilla de Javier Gurruchaga, con Sánchez subido al escenario, eso sí. En cualquier caso, sigue habiendo pasajeros sin billete que saltan la canceladora y siempre son migrantes. Seguramente tendrán diez euros para comprar el abono, pero no tienen papeles y es necesario facilitar un DNI o un número de pasaporte para hacerlo. Es, junto al drama de los cayucos, otro reflejo, menos cruel, del fracaso de la política migratoria europea. Y reflejo de la gran realidad: no queremos que se suban a nuestro tren.