El diablo, en los entornos
Cuántas personas anónimas llaman cualquier día de la semana a la Fiscalía General del Estado solicitando una reunión sin especificar el asunto a tratar y a la mañana siguiente son recibidas por el segundo cargo más importante de dicha institución? La socialista portugaluja Leire Díez lo consiguió no una, sino dos veces. ¿Cómo? Es un secreto, balbucean a su alrededor mientras tragan saliva mirando a la luna. Tal vez el virtuosismo de una audaz fontanera, sin límites en su osadía desmesurada. O, sencillamente, porque siempre se creyó revestida de impunidad con las espaldas bien cubiertas. El diablo siempre merodea por los entornos.
Idéntica sensación se apoderaba con frecuencia de la envarada pareja de Isabel Díaz Ayuso cuando negociaba sin recato alguno sus espurias comisiones huyendo siempre de rendir tributo con Hacienda. Creía que estaba ungido por el mismo poder de su círculo de amistades. Se ha dado de bruces con la cruda realidad. Después de festejar la caída a los infiernos del fiscal García Ortiz le ha llegado, por fin, la hora de rendir cuentas. De rebote, también lo deberá hacer su belicosa pareja. MAR no ha podido evitar que su protegida eluda el bochorno de desnudar sus movimientos bancarios. P’alante. Una citación que, de paso, devuelve a buena parte de la izquierda siquiera un cierto margen de confianza en la UCO.
Tampoco se libra de estos tóxicos entornos el entusiasta portavoz oficioso del inculpado Zapatero. El politólogo Luis Arroyo, todavía presidente del prestigioso Ateneo madrileño, se ha visto obligado al sonrojo público de excusarse por su profunda patraña de haber cifrado con toda aviesa intención exculpatoria y un absoluto desconocimiento de la realidad el valor de las joyas decomisadas a su amigo. Su apresurada tasación nunca superior a los 40.000 euros se ha quedado evidentemente muy alejada de los 1,3 millones certificados objetivamente por un acreditado perito a instancias del juez. Nunca dejará de agradecer la esposa de ZP a sus antepasados la generosidad recibida. Ahora le toca al expresidente explicarlo con precisión en la Audiencia Nacional después de conocer que se le acusa de contrabando y delito fiscal. Aquí, imposible el lawfare. Al contrario, un duro golpe, de entrada, a su credibilidad y trayectoria ética en vísperas de su esperada comparecencia ante el juez Calama donde empezará a dilucidarse el pulso sobre la nulidad del proceso. Más allá de la suerte final de este proceso, el terrible hachazo que el propio expresidente ha asestado a su honorabilidad dejará una huella difícil de suturar durante mucho tiempo y, sobre todo, acrecentará ese granero de abstencionistas donde Pedro Sánchez pergeña su tabla de salvación contra la (ultra)derecha.
UNA PESADA CRUZ
Para los socialistas, P.S. incluido, Leire aflora como un intempestivo quebradero de cabeza. Ha ido demasiado lejos en su aventura justiciera. Sobre todo, dejando incómodas huellas escritas. Ahora que dicha indecorosa correría ha caído en manos de los jueces, este desaprensivo brazo ejecutor del maquiavélico Cerdán puede acabar reducido a un muñeco de trapo. Jamás su insolencia imaginó un desenlace tan deprimente. Estaba acostumbrada a franquear garbosa cualquier puerta para enjaretar encargos de alto riesgo. Henchida de poder –¿quién se lo dio?, ¿quién se lo permitía?– hasta exigía represalias para los desobedientes. Disfrutaba entusiasmada con la cruzada emprendida para salvar al líder y al partido tan vilmente atacados. Y en empeño, esta periodista bisoña se veía reconfortada con el servicio entusiasta de demasiadas terminales periodísticas que ahora ven enfangado buena parte de su prestigio profesional por servir a la causa, entre la inocencia y el compromiso. Ocurre en muchas familias.
Ya de vuelta León XIV al Vaticano, el Gobierno retoma la cruz de su cruda realidad, dentro y fuera del Congreso. Lo hace sin apenas reponerse de su baño de espiritualidad, entendido desde muchos sectores sociales y políticos como un descarado ejercicio de oportunismo desmesurado. La abultada presencia de 14 ministros –además de la hija de la vicepresidenta Yolanda Díaz– en los fastuosos actos religiosos de Barcelona exhibe una adhesión papal difícilmente imaginable tras haber conocido su elocuente desdén hacia otros oficios religiosos tributados en recuerdo de varias tragedias humanas en su propio país. Mucho menos comparable con la orfandad mostrada en Madrid. Hasta en los detalles está el diablo.
