Editorial

Gobierno a la italiana

14.02.2021 | 01:13

Mario Draghi ha conseguido conformar un ejecutivo mixto, que no equilibrado, con perfiles políticos y técnicos y amplio apoyo de los partidos con el objetivo de salir de una crisis crónica

ITALIA confía en haber cerrado finalmente, con la toma de posesión ayer del gobierno del nuevo primer ministro, Mario Draghi, su enésima crisis política y en haber abierto una nueva etapa en el país. Dieciocho días –los transcurridos desde la dimisión de Giuseppe Conte– han bastado al expresidente del Banco Central Europeo (BCE) para lograr los apoyos necesarios –tarea nada sencilla, dada la fortísima división existente en Italia– y conformar un Ejecutivo –el tercero de la legislatura– con el que afrontar los muchos retos a los que se enfrenta, entre los más urgentes la lucha contra la pandemia y la gestión de la recuperación. La solución ideada y materializada por Draghi para salir de esta grave crisis ha sido, como corresponde, a la italiana: entre inteligente, audaz y en cierto modo innovadora, mediante la confección de un gobierno mixto compuesto tanto por perfiles políticos y técnicos. Con ello, Draghi ha huido de un ejecutivo tecnócrata –una de las posibilidades que se apuntaban–, tras la catastrófica experiencia del formado por Mario Monti entre los años 2011 y 2013, y también del férreo control de los partidos que, algo inaudito, han unido fuerzas –solo se ha quedado fuera la formación ultraderechista Hermanos de Italia– para intentar solventar la crisis. Como conclusión, el Gobierno contará con 23 ministros: 15 de ellos de perfil político y ocho con un importante currículum técnico, prestigio y alta experiencia profesional. De esta manera, Draghi intenta conjugar la necesidad de contar con personas de confianza de los partidos asumiendo las cuotas fijadas y pactadas, así como algunos nombres, todo ello en favor de la imprescindible estabilidad mediante el apoyo que vayan a brindar las distintas formaciones y, al mismo tiempo, responder a los desafíos del momento mediante personas más independientes y de perfil reconocido en el mundo social y económico del país, como el ex director general del Banco de Italia Daniele Franco al frente de un Ministerio trascendental como Economía y Finanzas. Un equilibrio muy complicado –algunos apuntan a que imposible– y a buen seguro precario en el que chirría sobremanera el insultantemente bajo número de ministras –solo ocho de 23 son mujeres– que difícilmente podrá sacar a Italia de su crisis política crónica pero que supone un intento hábil, original e interesante.