Rojo sobre blanco

Demasiado Madrid

Vencedor, mientras le duró el gas, dirigió las operaciones con eficacia porque tuvo hasta tres socios dispuestos a combinar a ras de césped

23.12.2021 | 01:07
De Marcos conduce el balón ante la oposición de Vinicius.

SAN Mamés bajó la persiana en 2021 con una derrota asumible del Athletic, tanto por la entidad del rival como por el rendimiento propio. El agradecimiento exteriorizado por la grada a la conclusión certifica que el marcador no es lo único importante, ni siquiera el día en que la victoria, de producirse, sabe como nunca. Mucho se había especulado a cuenta de las ausencias provocadas por la pandemia en ambos conjuntos, especialmente en el seno del Real Madrid, pero a la postre no fue un factor determinante. Un líder hace valer dicha condición en situaciones delicadas y eso fue lo que sucedió. Con una versión que concentró casi todo el brillo en el arranque de un primer tiempo muy abierto, los hombres de Carlo Ancelotti optaron por un plan destinado a aguantar la ventaja adquirida. Con éxito, pues enfrente no hallaron la manera de contrarrestarlo.

El Athletic acusó el desgaste realizado ante el Betis, lo que le abocó a verse sometido en largas fases del segundo acto al fútbol-control de los blancos. Incapaz de robar como necesita para activarse en ataque, en sus turnos careció además de la claridad de ideas que requería la remontada. Cuando las piernas no van todo lo rápido que sería deseable, el repertorio ofensivo del equipo no alcanza para dañar una estructura tan sólida, que en última instancia se encomienda al enorme Courtois. No es que el belga participase con frecuencia, pero el tipo intimida, por ejemplo a Nico Williams en un mano a mano. Si hace tres semanas Courtois se erigió en la estrella del duelo celebrado en el Bernabéu, anoche le tomó el testigo Agirrezabala, con cuatro acciones que acreditan a un portero de primer nivel.

Las mejores imágenes del Athletic - Real Madrid.

En los dos goles de Benzema, siempre Benzema, nada pudo hacer el chaval. Fue tremendo el doble tortazo recibido en un abrir y cerrar de ojos, pero también sirvió de resorte para que surgiese el Athletic que engancha, el que hace vibrar a la afición con dinamismo, valentía y también criterio. Resultó evidente que Vencedor, mientras tuvo gas, pudo dirigir las operaciones con eficacia gracias a que tuvo hasta tres socios a su alrededor dispuestos a recibir, elaborar y obligar al rival a currelar de lo lindo. La presencia de Zarraga y Sancet junto a Muniain brindó múltiples soluciones en la iniciación del juego y el despliegue. Es lo que tiene reunir gente con ganas de relacionarse combinando a ras de césped.

El problema fue que la réplica del Athletic solo deparó un gol, a cargo de un Sancet que debe endurecerse, en el sentido de ser más constante y alargar en el cronómetro el protagonismo que por cualidades ha de asumir. Tanto él como Zarraga abonaron en el segundo acto la factura que implica tutear al Real Madrid a campo abierto. Tres cuartos de lo mismo le ocurrió a Muniain, lo que no es noticia, aunque Marcelino le mantuvo sobre la hierba cuando pedía a gritos un sitio a su lado, en la banda. Serrano entró tarde, con apenas margen para templar un centro al área con ese gusto que distingue a los buenos.

En el desarrollo de la fenomenal batalla previa al descanso se ha de mencionar que el criterio del árbitro fue el opuesto a lo que se conoce por caserismo. No es un juego de palabras, pero el espíritu y algo más tangible de Casemiro compareció en la persona de un tal Camavinga que se bastó, él solito, para segar piernas ante la complacencia de Soto Grado y el berrinche del personal, con Marcelino a la cabeza. Que el joven centrocampista del Madrid fuese amonestado pasada la hora de partido cuando acumulaba ya cuatro entradas de tarjeta, quizá pasase desapercibido para los especialistas en obviedades que amenizaron la retransmisión televisada con un alarde de merenguismo que provoca grima, pero de un árbitro de elite cabe esperar mayor rigor. Este tipo de detalles no resaltan como los goles o las ocasiones, aunque no por ello su trascendencia es despreciable en duelos disputados, igualados, como fue el caso. Sí, estamos curados de espanto cuando del Madrid se trata, pero qué menos que dejar constancia de que el rasero del juez fue cualquier cosa menos ecuánime.

Asimismo fue significativo que Ancelotti escalonase sus cambios, tres, a partir del 84 para matar el partido. Y es que el Athletic seguía yendo hacia arriba en busca de un empate que acarició menos que el Madrid la puntilla.

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