Rojo sobre blanco

Por juego y también actitud

El Athletic fue más completo y resultó evidente que se pareció mucho más a sí mismo que la Real a sí misma

01.11.2021 | 00:53
Marcelino se abraza con Muniain tras empatar el derbi en el descuento.

EL día en que Real y Athletic decepcionaron al mundo, 3 de abril en Sevilla, la fortuna quiso congraciarse con la Real, que venció con una actuación mala, pero algo menos mala que la del Athletic y merced a un penalti. Vista la talla de los contendientes, el título bien podría haber quedado desierto. Unos días después, volvieron a cruzarse en la liga y el asunto acabó en empate, pero de nuevo el azar se puso del lado de la Real, que marcó al límite del tiempo gracias a un fallo morrocotudo de Simón. Anoche se celebró otro capítulo del derbi y el destino le lanzó un guiño al Athletic, que arrancó un punto con un jugador menos, en el tiempo añadido y gracias a una pifia curiosa de Remiro.

Sirva este repaso telegráfico para constatar que por algo se acuñó lo de que la risa va por barrios, proverbio de uso común en el fútbol porque los enfrentamientos se suceden sin cesar y no hay dos partidos iguales. Divagaciones al margen, la primera conclusión que dejó lo presenciado en Anoeta es que el marcador no es del todo justo con el Athletic. Quizá las tablas sean asumibles, dado que no se apreció una superioridad nítida; pero, admitido el equilibrio de fuerzas, la labor desarrollada por el Athletic fue más completa y sobre todo resultó evidente que el Athletic se pareció mucho más a sí mismo que la Real a sí misma.

Las mejores imágenes del derbi. Fotos: Pablo Viñas

Visitar al líder, que lo es porque no pierde desde agosto, precisamente en el estreno de la competición, aconseja un planteamiento respetuoso. El Athletic aparcó los factores anímicos inherentes al derbi y se puso a la tarea que mejor domina, cual es la anulación del contrario. La Real se vio neutralizada según la pelota empezó a rodar, sin ningún margen para realizar su juego: salida airosa de campo propio, transiciones precisas, gusto por la elaboración, velocidad arriba. Nada de todo esto pudo verse. Serios, firmes y sugiriendo la intención de golpear a la mínima oportunidad, se ha de resaltar la seriedad de los rojiblancos, concienzudos, sabedores de que el correr del cronómetro iría incrementando sus opciones de victoria.

Le transmitieron a la Real que lo iba a tener crudo para prolongar su racha. El susto que de entrada dio Iñaki Williams reforzó la contundencia del mensaje y el primer acto concluyó con el balón en poder del Athletic y la Real desubicada, más pendiente de taparse que de otra cosa. No hubo alteraciones de guión tras el descanso: más cómodo el Athletic, sin soluciones en la Real. Hasta la acción del penalti de Iñigo, un borrón en la hoja de servicios más brillante hasta ese instante.

En el cómputo de méritos, el Athletic adquirió más boletos por la forma en que reaccionó al mazazo. Lo último que hizo Unai Simón fue recoger el balón de la red en el penalti, mientras crecía la impresión de que el Athletic arreglaría el tema. La tuvo Berenguer, como antes Raúl García, e Imanol no esperó más, entendió que le convenía amarrar la exigua ventaja. Metió tres cambios para reforzar el sistema defensivo y, en todo caso, probar a la contra. Además se asistió a un endurecimiento en las disputas. A la Real le interesaba que el ritmo disminuyese y se aplicó a fondo.

Se produjo en esa fase un lance crucial que ha de ponerse en el debe del árbitro. No fue de recibo su generosidad para juzgar la entrada de Merino que cortó un avance de Sancet. La amarilla pareció una broma y cuesta creer que el VAR no le reconviniese, pero es el VAR. Alguien obvió en ese momento que ciertamente muchos partidos igualados se decantan por detalles, por ejemplo este en el minuto 78. O el que tuvo lugar cinco más tarde y supuso la segunda tarjeta para Iñigo. Bueno, ni este grave contratiempo consiguió que el Athletic se rindiese. Eso sí, tuvo que tirar de la reserva para mantenerse en pie porque enfrente aprovecharon la superioridad numérica para ponerse a tocar, lo que antes tuvieron vedado.

La risa va por barrios, sí. La grada celebró la roja a Iñigo tanto como el gol de Isak, al fin y al cabo la desgracia se cebaba en el tránsfuga. En el coletazo del Athletic, quien acaparó foco fue Remiro, casualmente el hombre que hizo el recorrido inverso al del central de Ondarroa. Fue el broche que reclamaba un derbi donde la enjundia corrió a cargo de los visitantes. Una victoria del anfitrión hubiese resultado realmente dolorosa analizadas todas las circunstancias que concurrieron sobre el césped de Anoeta.

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