Rojo sobre blanco

El clásico brindis al sol

21.09.2021 | 01:02
Unai López conduce el balón en un partido con el Rayo.

VER esta noche a Andoni Iraola en la banda de San Mamés aporta un aliciente más a una cita programada por el enemigo. También tendrá su cosa que Unai López disponga de minutos. Es probable que suceda porque su entrenador, al igual que el del Athletic, está obligado a refrescar la alineación y en la jornada anterior el centrocampista saltó al campo en el tramo final. De momento, la participación del "media punta" (así es como está catalogado Unai López en la página web del club madrileño) se ha limitado a dos ratos, aunque cuando recaló en Vallecas ya se habían disputado un par de jornadas.

Siguiendo con Iraola, en el entorno del Athletic ven en él una atractiva opción de futuro. Muchos quieren verlo así, según se desprende de los halagos que recibe a pesar de su breve trayectoria y que carece de contraste en la máxima categoría. Lo que realmente inclina a desear que ese reencuentro se haga realidad no es sino la huella que dejó como futbolista y como persona. Siendo muy comprensible la corriente de simpatía que despierta, por ahora conviene clasificar este asunto en la carpeta de fútbol ficción, repleta siempre de casos, la mayoría de incierta viabilidad.

El recién ascendido Rayo ha marcado ocho goles, el doble que el Athletic, y concedido cuatro más. Posee dos puntos menos y en opinión de Marcelino destaca por el dinamismo y la alegría de su juego. No va descaminado en la apreciación, pues cualquier aficionado habrá observado que Iraola fomenta que sus futbolistas combinen y sean móviles a fin de crear situaciones de remate. Una concepción que encajaría con el interés mostrado por captar a Unai López.

En cuanto se supo que su nombre figuraba en la lista de descartes, al cierre de la temporada anterior, el Rayo inició la maniobra de aproximación. Luego, simplemente dejó que el verano discurriera porque de ningún modo iba a aceptar las condiciones que planteaba el Athletic para permitir su marcha y al final se salió con la suya. La operación se gestó en unos términos incomparablemente más ventajosos para la entidad vallecana, lo que por pura lógica implicó una merma importante en las pretensiones del Athletic.

Iraola quería a Unai López y además el Rayo albergaba razones para apoyar su criterio, pues ya le tuvo en sus filas y entonces, curso 2017-18, jugó un papel principal en la consecución del ascenso a Primera. Acumuló 39 partidos y en Lezama creyeron que recuperaban a un medio centro curtido, cuyos fundamentos técnicos nunca estuvieron en cuestión. Lo cierto es que el regreso no fue lo feliz que se auguraba. Las ocurrencias tácticas de Berizzo se revelaron como una losa para Unai López, mientras que Garitano a efectos prácticos ni reparó en su presencia. Año en blanco y vuelta a empezar.

Su mayor obstáculo para asentarse en el Athletic tiene que ver con la propuesta futbolística tanto de Garitano como de Marcelino. Si la prioridad consiste en que el equipo esté más cómodo sin el balón, que el personal que se ubica en la zona ancha viva muy pendiente de la contención y no tanto de la creación, Unai López lo lleva claro. La brega, los duelos físicos, los kilos y los centímetros, no son los rasgos distintivos del guipuzcoano, así que desde esta perspectiva resulta hasta normal que le indicasen la puerta de salida.

Prescindir de él puede que sea una iniciativa acertada en el actual contexto, puede, aunque manejo, atrevimiento y visión sean virtudes muy apreciadas en otros sitios. Cada club escoge la identidad de su equipo. En el Athletic de estos años, la apuesta se ha enfocado a potenciar el ritmo, la intensidad, el sacrificio, en detrimento del buen trato a la pelota, como si fuese inviable obtener una mezcla válida combinando generosidad y precisión. Por todo lo apuntado tuvo su gracia que con motivo de la visita del Mallorca, Marcelino dijese que Iñigo Ruiz de Galarreta perfectamente podría jugar en el Athletic. "Por qué no va a volver", resolvió y uno echó de menos que alguien le solicitase argumentos que sustentasen semejante opinión. Si Unai López, con cien partidos en la élite, no le sirve, cómo es que ve con posibilidades a Galarreta, que a sus 28 años apenas ha palpado la máxima categoría y posee un perfil similar. A esta clase de mensaje se le denomina brindis al sol.

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