La otra mirada

Los miserables

27.01.2020 | 06:21

lOS miserables podría quedarse en título referencial y casi de culto de una magnífica obra literaria, como novela político-social bajo una visión entre realista y romántica pero siempre épica, además de ser un canto al amor. Pero siglo y medio después, de ella sigue vivo en el acervo popular su firme defensa de los oprimidos de entonces y ahora, de aquí y de allí. Porque los miserables son siempre los mismos, a veces modifican algo su cara y su número, pero poco, porque en esencia los oprimidos siempre son los mismos.

El borbón emérito, "el campechano", anda enfurruñado por el trato institucional que se da a su hijo, a quien se consulta por teléfono como a un mandado y no se le informa en persona. Me imagino que lo dice recordando cuando él firmaba decretos por delegación hertziana mientras mataba elefantes en Botswana. Tras dedicarse a dar más juego con su bragueta que la muñeca izquierda de Nadal, ahora solo mata el tiempo con los 194.232 € que se embolsilló el año pasado con cargo al erario público, sí el mismo que tan generosamente ha incrementado un 0,9% sus pensiones a los "jubilados del común", que al contrario que el real cojitranco mata-elefantes, si han trabajado y cotizado durante su vida laboral. Tal pensión, sin haber cotizado para ella, supone que haya cobrado 24.279€ por cada uno de sus ocho actos oficiales. Nada mal para un jubilado. Evidentemente él no está en el grupeto de los miserables.

No diré tanto como que los jubilados de los lunes en las escalinatas del ayuntamiento de Bilbao sean los nuevos miserables de Victor Hugo, pero están más cerca de ello que de los restaurantes estrellados que visita el sátiro rijoso braguetista-regatista real, bienmantenido por todos. Así que, seguramente, él no hará huelga este 30 de enero porque ni tan siquiera se lo planteará, aunque quizá quisiera protestar porque a él no le aplican el generoso 0,9% oficial del populacho. Y tampoco saldrá tras la pancarta, porque para el heredero de Franco el acceso a un trabajo, salario mínimo de 1.200 euros, semana laboral de 35 horas y una pensión digna de 1.080€ a los 65 años, son cosas de plebe, de sus vasallos plebeyos, los nuevos miserables de su reino.

El mismo 30 se conmemora desde 1964 la jornada por la no violencia y la paz; una apuesta por una educación basada en la tolerancia, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos. En este día, aparte de querer ver fundido el acero de todos los cañones para utilizarlo en cucharas con las que poder comer todos y todos los días, me pregunto si es posible la paz, social se entiende, cuando las diferencias entre el rey de todos y estos todos es tan infinita. Y eso que he mencionado solo a uno de la cuadrilla de esos ultramillonarios, de los que el 1% tiene 24,4 de cada 100€ de la riqueza nacional, mientras el 50% de los pobres (pensionistas y mujeres mayoritariamente) se tienen que repartir 7 de cada 100€. Si Hugo levantara la cabeza y empuñara de nuevo su pluma es razonable esperar que escribiera "los miserables II" o "la saga de los miserables".