El sacacorchos

Muros de contención

03.03.2020 | 06:16

CUANDO la realidad baja embravecida como un torrente, en modo avalancha, es preciso ponerse manos a la obra para levantar muros de contención que impidan el desborde, ese mal que tantas veces ahoga o le deja a uno con el agua al cuello. Quienes cogen la bandera de la defensa -bien por decisión propia, porque llevan consigo un corazón valiente, o bien porque les arrastra la obligación del cargo...- saben que con el tiempo, es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil. Hoy, en medio de la inundación, el pueblo agradece que le cuenten el estado real de las cosas, tanto en los sucesos de Zaldibar como en la invasión del coronavirus, una cepa con tanta capacidad de avance por sorpresa como las tropas napoleónicas.

En ambos casos se han levantado trincheras. En Zaldibar están moviéndose una serie de bloques de cemento armado con los que pretenden construir un parapeto, una fortaleza defensiva que detenga los peligros de otros derrumbes venideros. No es fácil echar los cálculos en aquella zona removida pero algún peligro habrá cuando se toman medidas de este calado, de tropecientos kilos de peso, en la búsqueda de las dos personas desaparecidas que no debemos, no podemos, olvidar.

Casi al tiempo se están cavando otras trincheras, levantándose otra valla de más compleja edificación. No por nada, el coronavirus, que por lo que se ve en sus ritmos de propagación no se expande sino que se desparrama, avanza en zigzag, un movimiento que dificulta su defensa. No parece claro que sus efectos sean devastadores, pero sí que su capacidad de conquista la hubiesen firmado, como dije, los mismísimos Napoleón o Gengis Khan. También contra él se levantan muros. Los vigilantes de la salud piden que se eviten contactos con personas que convivieron con los bichitos, promueven una higiene extrema y miran de reojo, no sea que el virus se encabrone.