Juego de expectativas
La Guerra de Irán arroja ya un primer saldo negativo para Washington, pues el presidente Trump nos aseguraba que sería una campaña relámpago que acabaría con la amenaza nuclear iraní y devolvería rápidamente a Estados Unidos a los miles de soldados desplegados junto a Irán, así como a los barcos y aviones allí situados.
Sin embargo, han pasado cuatro meses y los soldados siguen en el mismo lugar, el Estrecho de Ormuz sigue tan cerrado que tan solo lo cruzan un puñado de barcos e Irán parece capaz de resistir todas las estrecheces causadas por la guerra, las muertes y los graves riesgos que la contienda acarrea para su industria petrolera, vital para el país.
Y es que las relativas victorias norteamericanas han conseguido infligir daños materiales y pérdidas de vidas, pero no han cambiado la perspectiva iraní, que sigue manteniendo su optimismo a pesar de todos los reveses.
Porque los líderes de Teherán se dejan guiar por el calendario electoral norteamericano y saben, como todos los demás observadores internacionales, que Estados Unidos celebrará elecciones parciales dentro de cinco meses y que al partido de Trump le perjudica esta guerra, cada día más impopular por su duración y por los costos económicos que impone a un país de que sufre cuando se encarece la gasolina.
Debido a las grandes distancias del territorio de norteamericano, con una población relativamente baja (la densidad de Estados Unidos es de 37 personas por kilómetro cuadrado, frente a los 112 Europa), la gente se vea obligada a viajar largas distancias y para ello utiliza aviones y automóviles, dos vías que emplean grandes cantidades de gasolina.
Es algo que duele en los bolsillos de todos, pues el norteamericano gasta en promedio del 4 al 6% de sus ingresos en gasolina, un porcentaje que puede elevarse al 10% o hasta el 20% para gente de bajos ingresos. Con la subida de precios, el promedio de gasto adicional por gasolina es de 150 dólares mensuales por familia.
Aunque Estados Unidos es hoy el mayor productor de petróleo del mundo, sus precios no se rigen por los costos de producción dentro del país, sino por los mercados internacionales que acusan la contienda en Irán.
Trump, consciente de que Teherán está esperando a que se rinda a la erosión de su popularidad, generada por las consecuencias de la guerra, ya ha anunciado que para él tiene más importancia la seguridad del país y la amenaza nuclear iraní, que los resultados de unas elecciones en las que él no es candidato, de forma que no se dejara influir por consecuencias electorales en la guerra con Irán.
Naturalmente, Teherán no es el único que se enfrenta a privaciones, pues tiene aliados que le apoyan, más para fastidiar a Washington que para ayudar a Irán. Estos aliados, que son Rusia y China, tienen también sus intereses y posibles beneficios en esta contienda: Rusia porque ha ganado mercado para su petróleo y también porque espera que las armas que Estados Unidos necesita para enfrentarse a Irán, debiliten el frente de Ucrania. En cuanto a China, aparte de beneficiarse de las dificultades de Washington, le interesa recibir petróleo y ha de buscar otros suministros ahora que Irán no tiene vía libre para llegar a sus costas.
Pero esta guerra es nociva… y cara para la mayoría del mundo. Los más perjudicados no participan en la contienda, como son la mayoría de los países europeos que se enfrentan a una contracción económica .
Aquí existe la impresión de que Irán tan solo se avendría a ceder a las exigencias norteamericanas de que renuncie a sus arsenales atómicos si su industria petrolera corre riesgo de extinción a causa de los daños causados por esta guerra… o en el improbable caso de que la presión popular provoque un cambio de régimen.
Estados Unidos tiene menos incentivos para poner fin a la guerra, pues Trump nos asegura que las consecuencias electorales no le importan y la economía del país sigue creciendo a pesar de todos los problemas.
Pero no tiene el lujo de un largo tiempo: es probable que el partido de Trump pierda su mayoría en las elecciones parciales del próximo noviembre y el control parlamentario pasaría al Partido Demócrata que utilizará todos los resortes de poder a su disposición para acabar la guerra… y para una nueva campaña contra Trump en los tribunales.
