El ¿amable? cartel con el que Bildu concurrió a las últimas elecciones anuncia estos días que, como gesto de buena voluntad, se aviene a separar el debate fiscal de la negociación presupuestaria. Pide para ello garantías de que este se celebrará con seriedad y en condiciones en las juntas generales de los tres territorios históricos. En Nafarroa recuérdese que abdicaron hace varios ejercicios de cualquier exigencia.
Se desconoce por el momento qué significan conceptos tan indeterminados. La historia, la cultura política y la “sensibilidad” que acreditan estas gentes con las víctimas de décadas de contumaz ceguera sugieren sombrías acepciones. Pero su nueva estrategia anima interpretaciones más luminosas.
Seriedad quizá signifique que acordar una nota de prensa, más ruido que nueces, que les presente como esforzados progresistas, látigo de banqueros y empresas contaminantes es lo que vale. Menos mal que de la planificación tributaria, la progresividad fiscal y el rigor para atajar decisiones que menoscaban la autonomía financiera y a la postre política que nos proporcionan Concierto y Convenio ya se ocupan los de siempre. Condiciones, pudiera referirse al sindios en que se convirtió la votación para trasponer, con retraso y bajo amenaza de un procedimiento de infracción, la directiva europea que fija en un 15% el tipo del impuesto de sociedades a las multinacionales. Así, el empeño por aparentar, materializado en una lista interminable y contradictoria de ocurrencias no estrictamente tributarias, pudo llevarse por delante el acuerdo más progresista sobre fiscalidad alcanzado en las últimas décadas a nivel global. Una muestra más de que, por el momento, “ser para parecer” es el nutriente fundamental de su relato.