Leo con asombro el siguiente titular: “Estados Unidos se pregunta si el país está preparado para ser dirigido por una mujer”. ¿Hola? Un país que ha estado bajo el mandato de un presidente condenado por 34 delitos graves y que, actualmente, tiene a los mandos a un hombre que ha dado muestras de debilidad en su salud mental no sé qué problema puede tener en que Kamala Harris sea su próxima gobernanta. Bueno, sí lo sabemos. Lo mismo que el debate racial llegó con Barak Obama, ahora imperan las posiciones machistas. Y si eres la candidata a ocupar la dirección de la primera potencia mundial, pongamos atención a los meses que nos quedan por delante. Lo avisaba esta misma semana la ex secretaria de Estado y aspirante a la Casa Blanca, Hilary Clinton. “El historial y el carácter de la señora Harris serán distorsionados y menospreciados por una avalancha de desinformación y el tipo de prejuicios desagradables que ya estamos escuchando. Sé un par de cosas sobre lo difícil que puede ser para las candidatas fuertes luchar contra el sexismo y la doble moral de la política estadounidense”, señalaba la dirigente demócrata en un artículo en el periódico The New York Times. Algo que conoce de cerca porque ella misma fue calificada de “mujer repugnante” o “bruja”. El cuestionamiento a una mujer cuando aspira a puestos de máxima responsabilidad política es una práctica todavía imperante en cualquier rincón del mundo. Durante estos meses va a ser Kamala Harris, pero no hace falta irse a Estados Unidos para asistir al menosprecio hacia una diputada, ministra, concejala, consejera o presidenta. Para la vergüenza pública quedarán para siempre los insultos de agricultores y alumnos de derecho a la presidenta de Nafarroa María Chivite. Esta columna se despide hasta setiembre. Pasen buen verano y, a la vuelta, hacemos repaso de lo escuchado y leído sobre Harris. Que no será poco ni bueno.