En un tiempo donde la impostura se ha hecho un hueco importante y preocupante en el ejercicio de la política resulta alentador que sigan llegando mensajes que construyen, en vez de lo contrario. Reflejo de ese tiempo, decía, resulta llamativo que haya pasado prácticamente inadvertido un consejo que el lehendakari Iñigo Urkullu daba esta semana a Imanol Pradales, candidato propuesto por el EBB del PNV: “Imanol, sé tu mismo”. La máxima podría parecer baladí, una frase sencilla. Pero no lo es porque esconde mucho más de lo que en principio ofrece. Ser uno mismo (o misma) hoy en día es harto complicado. Da igual el estamento a escoger. La familia, la amistad, el trabajo. Mantener la autenticidad cuando muchos han sido convencidos de que todo va mal y que vivimos mal es un trabajo costoso. Afirmar que nuestros servicios públicos son limitados, que el dinero no llega para todo y que es responsabilidad del conjunto de la sociedad hacer sostenible el sistema no conecta con una opinión pública que ha sido convencida de que el traumatólogo tiene que atenderte de un día para otro o el autobús pasar por la puerta de tu casa. Y ser gratis, claro. Lo sabe bien el lehendakari que afronta su recta final a 12 años de dura gestión en las que se ha tenido que enfrentar a demasiadas crisis manteniéndose fiel a su eje, sin caer en el histrionismo. Es esa lealtad a sus principios lo que le da valor total al consejo ofrecido a Imanol Pradales, a quien el lehendakari conoce bien. Quedan meses intensos por delante. Sólo Urkullu conoce la fecha en la que habremos de asistir de nuevo a las urnas. A falta de despejar la incognita, algo ya sabemos. Que quien hasta hoy nos ha gobernado ve en el aspirante valores que le invitan a que no cambie y que “sea él mismo”. No renunciar a quién se es y en lo que se cree. Lo que no es poco. O dicho de otra manera, es mucho.
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