Hubo un tiempo en el que reclamar una transferencia para que se gestionara desde Euskadi era un signo de implicación para con la sociedad vasca. Y cumplir con la palabra dada, muestra de rigor político. No había tibieza en exigir el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika, la Ley orgánica que ha permitido construir nuestro país y que supone uno de los pilares sobre los que se asienta nuestro progreso y bienestar. Pero, ahora, los tiempos han cambiado. El Congreso de los Diputados (y Diputadas) se ha convertido en un cuadrilátero donde tiene más valor el insulto y ataque político sin cuartel que la negociación y la dialéctica. Y, de puertas afuera, vale más el titular de corto alcance, sin profundidad. Solo así puede entenderse la más que descarada falta de rigor de Pedro Sanchez para con Euskadi. Tan evidente que hasta la propia vicelehendakari socialista, Idoia Mendia, ha tenido que aludir a “resistencias” de los ministerios para cumplir con el calendario pactado hace veinte meses y no a la voluntad del presidente español. Pero la realidad es tozuda y muestra que las prioridades de Sánchez van por otros derroteros. Así también se entiende que EAJ-PNV se haya quedado prácticamente solo en esta batalla, mientras el resto de partidos vascos con representación en Madrid centren sus esfuerzos en el logro de otras materias que poco o nada tienen que ver con el Estatuto de Gernika. Mientras no sabemos en qué centra sus esfuerzos la representación vasca del PP o el PSE, EH Bildu ha buscado en su apoyo a las cuentas de Sánchez hacerse posibilista en Madrid. Ha pasado año y medio desde que la ministra Isabel Rodríguez prometiera por primera vez reunir la Comisión Mixta para ejecutar la transferencia de los trenes de cercanías. Habrá quien piense, vaya cosa. No minimicemos su importancia porque no se trata de otra cosa que gestionar desde casa lo que afecta de cerca a miles de personas en nuestro país. Igual que Osakidetza, Educación o Lanbide, entre otras muchas competencias logradas con el paso de los años. Hoy no entenderíamos nuestro país sin ellas. Solo hace falta voluntad para hacerlo posible.
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