de Gulbuddin Hekmatyar, temible señor de la guerra en las luchas afganas contra la URSS y -luego- de los talibán contra occidente, dijo un alto funcionario estadounidense: “Si en vez de haberse dedicado a la guerrilla se hubiera dedicado a los amores, habría sido la mayor cortesana de todos los tiempos?”.

La andanada del militar norteamericano no parece ninguna exageración y es que Hekmatyar ha luchado desde los años 90, cuando la URSS invadió Afganistán, contra todo el mundo sucesivamente. Solo con las tropas rusas no llegó a pactar nunca nada, seguramente porque esta fidelidad bélica era más que generosamente retribuida con dinero y armas por Washington, Riad e Islamabad. Pero aparte de la confrontación con la URSS, el resto de la trayectoria militar y política del líder afgano ha sido de traición constante a cuanto aliado ha tenido.

Así, luchaba a favor de los EE.UU. en la guerra de los talibán, pero mantenía excelentes relaciones con Osama bin Laden; combatía codo a codo con los tadjikos durante un tiempo para caerles luego en la espalda; afirmaba que protegía Kabul de los ultras, pero bombardeaba amplias zonas residenciales de la capital afgana?

La lista de sus piruetas políticas y roturas de alianzas se podría haber alargado mucho más, pero la importancia militar de las tropas de Hekmatyar ha descendido enormemente en los últimos tiempos y el hombre se ha visto obligado a desplazar más y más sus actividades de los campos de batalla a los politiqueos locales. Estos son fundamentales en una sociedad casi tribal como la afgana y -cosa esencial para Hekmatyar- mucho más baratos que el mantenimiento y movimiento de tropas numerosas a través del país.

Pero la más o menos próxima retirada de las tropas internacionales de Afganistán puede cambiar dramáticamente la importancia de los actuales protagonistas políticos del país y el gobierno del presidente afgano, Ashraf Ghani, ha optado por una alianza con Hekmatyar, aunque sea a plazo incierto. Ambos acaban de firmar un protocolo de paz -aún pendiente de confirmación por uno y otro- en el cual el señor de la guerra promete paz y el presidente legítimo, perdón y amnistía afganas y también la mediación de su Gobierno para que la ONU retire las sanciones impuestas durante los años de luchas armadas y despiadadas a Hekmatyar y algunos otros caudillos locales.