EL valenciano Martínez Munuera llevó bien la dirección del partido durante la primera parte. Era una semifinal de Copa y, como en todo encuentro de vuelta, la tensión se podía sentir. Pero los jugadores tampoco se lo pusieron muy complicado. Todas las amonestaciones que mostró en los primeros 45 minutos fueron merecidas. El rojiblanco De Marcos y los periquitos Cañas, Héctor Moreno y Stuani vieron la amarilla con todo merecimiento. Pero tras el paso por los vestuarios, hasta seis futbolistas del Espanyol tuvieron que ser castigados. Es más, Moreno y Álvaro González, si el colegiado hubiese sido escrupuloso con el reglamento, deberían haberse ido a la caseta antes de tiempo. Sin embargo, Martínez Munuera acertó en todas las acciones sin amonestación de por medio.
Como en el minuto 22, cuando Pau le puso la mano a Iker Muniain. El delantero del Athletic cayó dentro del área, pero no fue penalti. Seis minutos después, Andoni Iraola se apoyó en el hombro de Álvarez, pero el jugador blanquiazul se tiró. Lo que no vio fue una zancadilla clara de Víctor Álvarez sobre Aritz Aduriz al borde del área a nueve minutos para el final del primer acto. Tras la reanudación, el navarro Anaitz Arbilla agarró a Muniain de forma clara, pero el árbitro valenciano no le mostró la primera amarilla. Luego sí que se la sacó, pero podía haber sido la segunda. En el minuto 82, en otra jugada protestada por la grada del Power8, el balón dio en el brazo de Iraola, pero lo tenía pegado al cuerpo, por lo que no es penalti. En el minuto 89, puede que Mikel San José le pegase con la mano. Pudo señalar la pena máxima, pero no fue así.
Por lo demás, Martínez Munuera llevó bien el control del encuentro. Pitó de forma imparcial y salió airoso. De nuevo en otra final de Copa. La ilusión es máxima entre los aficionados del Athletic. Lo mismo me ocurre al ver al Iker Muniain que todos estábamos esperando. El que deslumbra con su desparpajo con el balón y cambio de ritmo. Estrenar paternidad le ha traído suerte en su juego al delantero navarro.