EL Athletic se llevó finalmente los tres puntos ante el Rayo. Menos mal, porque el arbitraje de Fernández Borbalán no dejó contento a la parroquia rojiblanca. No estuvo muy fino el colegiado andaluz en una tarde en la que los jugadores de ambos equipos no se lo pusieron muy complicado. Fue la sensación que dio el encargado de impartir justicia, demasiado meticuloso con los locales. A los pupilos de Paco Jémez les dejó más margen en el contacto. Que se lo digan a Aritz Aduriz, que fue amonestado por protestar una carga con un defensa rayista. Señaló falta del donostiarra. No lo fue. Eso le ocurrió en más de una ocasión. Le dieron de lo lindo, pero la mayor parte de las faltas fueron en ataque. También se equivocó en una jugada que pudo ser clave. Al filo de llegar al descanso, Mikel Rico superó a Toño tras picar el balón y dar en el palo. El asistente levantó el banderín al considerar que el centrocampista de Arrigorriaga había arrancado en posición de fuera de juego. Estaba en línea y el tanto debió subir al marcador. Unos minutos antes, Fernández Borbalán no mostró la segunda tarjeta amarilla a Nacho. El lateral rayista, que ya había sido amonestado en el ecuador del primer periodo, dio al balón con la mano en un centro de Markel Susaeta que iba camino del punto de penalti. Consciente de que el colegiado le había perdonado la vida a su jugador, Jémez le cambió en el descanso y en su lugar entró Morcillo. Tras el paso por los vestuarios, en uno de los muchos córners que dispuso el Athletic, San José y Fatau se agarraron y los dos cayeron al césped. El jugador visitante se quejó de forma repetida, se quejaba de una supuesta agresión del navarro. Pero en la repetición se pudo ver que, en todo caso, fue San José el que recibió. Pudo señalar penalti a favor de los rojiblancos. Antes del gol de Aduriz, tampoco consideró que había falta en un derribo a Iñaki Williams al borde del área. El delantero bilbaino protestó al acabar la jugada. El rojiblanco se quedó hablando con el colegiado andaluz, pero no le convenció.