EL griego Michael Koukoulakis no influyó para nada en el desarrollo del partido disputado en el mítico Comunale. Disciplinariamente se puede decir que fue blando con nuestros jugadores. Se guardó una tarjeta amarilla merecida para Xabier Etxeita en una fuerte entrada ya sin el balón en el ecuador del primer acto. Pero, sobre todo, a Aymeric Laporte, que le soltó la mano a Amauri en una acción aislada que le pudo costar muy cara al central rojiblanco. Con un árbitro más severo que el colegido de ayer, puede que el jugador del Athletic hubiese acabado en el vestuario antes de tiempo. Y no hay que olvidar que no es lo mismo jugar los últimos minutos del partido con un futbolista menos. Todo podría haber cambiado para el conjunto de Ernesto Valverde. Por suerte, no fue así. Los asistentes de Koukoulakis estuvieron acertados y valientes, ya que señalaron tres fueras de juego al Torino muy justos. Alguno hasta se pudo pasar por alto. También es cierto que en la segunda parte ató el partido, sobre todo en las acciones de los italianos con Iker Muniain. El delantero navarro recibió un buen número de faltas y el trío arbitral no pasó por alto ninguna. En una de ellas llegó el segundo gol del Athletic, que firmó con nota Carlos Gurpegi tras un cabezazo perfecto. Por parte rojiblanca se le puede reclamar al colegiado griego una obstrucción dentro del área del Torino en el minuto 27 sobre Etxeita. En el 39, Iñaki Williams recibió un agarrón cerca de la zona de peligro. Dos acciones aisladas que Koukoulakis no señaló. En resumen, fue un arbitraje serio que estuvo ayudado por la deportividad que mostraron los jugadores de ambos equipos. Creo que es importante comentar la cesión que señaló a Herrerín. El portero del Athletic no estuvo atinado porque el pase de Etxeita, aunque forzado, pareció bastante claro. Pero el que tiene que aprender es Laporte. El jugador de Agen debe contar hasta diez antes de actuar. En ocasiones pierde los nervios y eso va en contra de sus compañeros. Pudo dejar a su compañero con un jugador menos y eso al final se paga. Para alegría del millar largo de aficionados que se dieron cita en Turín, todo terminó de forma tranquila.