POCO se puede comentar y analizar sobre el arbitraje realizado por Prieto Iglesias en La Rosaleda. Tuvo una noche tranquila, en la que no hubo acciones polémicas en ninguna de las dos áreas. Quizás sacó alguna cartulina amarilla de más, pero supo tener el partido bajo control en todo momento y no pasó ningún apuro en la dirección del encuentro. En la primera parte, el central Angeleri se quejó de haber recibido un supuesto manotazo en el rostro por parte de Williams en una pugna aérea, pero no se apreció ningún golpe intencionado por parte del delantero rojiblanco. En el debe de Prieto Iglesias, como mucho, se puede incluir la señalización de un par de saques de esquina que no lo fueron: uno a favor del Málaga y otro favorable al Athletic, para ser más concretos. Ambas jugadas debieron haber acabado con sendos saques de portería, pero fueron acciones aisladas y carentes de relevancia en el devenir del partido. Sobre el Athletic, me gustaría comentar que ofreció mejores sensaciones que en partidos anteriores, si bien es cierto que apenas dispuso de ocasiones de gol. En la segunda parte, sobre todo, demostró un mejor control del juego que el Málaga y pienso que pudo sacar un mejor resultado de cara al choque de vuelta en San Mamés. Es cierto que sigue faltando mordiente arriba, pero el equipo dio la cara en Málaga y no sacó un mal resultado. Tampoco Prieto Iglesias, cuya actuación se desarrolló de principio a fin en medio de una noche cómoda y placentera para él.