EN un partido de poder a poder, que empezó muy fuerte, con entradas rozando la tarjeta, como la cama que le hizo en un salto Godín a Aduriz o la patada de Raúl García a la espalda del delantero donostiarra, fue lo que elevó el tono del partido durante una primera parte que, para ser sinceros, el colegiado la fue llevando de forma neutral, repartiendo los pequeños errores que cometió por igual. Sin embargo, en la segunda parte tuvo dos errores garrafales. El primero, en el minuto 51, cuando en una acción de Tiago, que estaba penetrando en el área, se encontró de frente con San José, que le salió al cruce. El defensa se quedó quieto y el jugador del Atlético de Madrid aprovechó esa situación para buscarle el cuerpo y tirarse al suelo. Inexplicablemente, José Antonio Hernández Hernández pitó un penalti que no existió.

Luego estuvo aguantando desplantes y protestas de los jugadores hasta que Muniain hizo una entrada fuera de lo normal y en la que se salvó de la tarjeta roja de chiripa.

Y lo peor de todo es que en el minuto 80 Griezmann, que en la primera acción arrancó correctamente, terminó haciendo gol estando en fuera de juego, pues cuando Raúl García disparó a portería el francés ya estaba en posición adelantada. El tanto fue concedido de forma ilegal por el asistente.

Visto lo visto, creo que el árbitro influyó en el resultado con sus errores y eso que en un partido así, siempre es interesante saber llevar bien la dirección de juego y no cometer en errores. Hernández Hernández se equivocó en dos acciones puntuales en las que perjudicó al Athletic.

Hubo también alguna que otra jugada reseñable. En un centro de Juanfran el balón golpeó en la mano de Balenziaga, pero fue involuntaria. En el minuto 17 no hubo fuera de juego de Mikel Rico cuando este logró el gol.

Además, en el 24, Aduriz metió el brazo por delante del hombro del jugador del Atlético de Madrid y no le dio en la cara, por lo que no debió ver la amarilla.