eL colegiado italiano Daniele Orsato estuvo al nivel del partido. No vio varios fueras de juego y tampoco el asistente le ayudó demasiado en esa tarea, pues bajaba el banderín antes de que el árbitro hubiese advertido la infracción. Además intuyo que no le funcionaba el pinganillo, ya que al levantar el banderín el asistente pulsa un botón que llama la atención del árbitro al que luego le comunica el tipo de infracción ocurrida en el terreno de juego. Entre eso y que el banderín que debía y debe, por norma, mantener en el aire bajaba rápidamente, el italiano dejó de señalar al menos dos fueras de juego en la primera parte. Técnicamente regular en la interpretación de las jugadas, se dejó llevar según avanzaba el partido. Eso sí, juzgó de la misma manera las acciones de uno y otro equipo. No tuvo que resolver jugadas conflictivas, salvo dos manos dentro del área del BATE que no sancionó con penalti y que, efectivamente, fueron involuntarias. Sí tuvo mucha vista para ver que Guillermo se ayudaba con el brazo para controlar un balón en la primera parte. No sé muy bien a qué responde la acción de Rico, quizás lo buscaba, con la que casi se cerró el partido y la participación del Athletic en la Champions, pues el rojiblanco se expuso en una jugada tonta a ver la tarjeta amarilla que no dudó en sacar el colegiado. Me alegro mucho por el chaval Unai López, que salió y le dio alegría al juego y al partido.