El arbitraje del inglés Martin Atkinson lo podíamos catalogar de muy poco valiente. No se atrevió en muchos momentos del partido a sacar tarjeta a Van Wolfswinkel y Matías Fernández que ocasiones dieron para dar motivos. En el minuto 22 Llorente protagoniza una jugada discutible dentro del área que reclamó como penalti y, desde el estadio, pareció que así era. Lo mismo ocurrió, aunque de forma descarada, en el segundo tiempo cuando el ariete rojiblanco sufre un agarrón que le lleva al suelo y que el colegiado no se atrevió a pitar.
Acertó en la amonestación a Ibai que fingió un penalti tirándose al suelo sin motivo aparente. Pero no fue justo en la amarilla a Amorebieta porque en muchas ocasiones él fue objeto de faltas que no pitó. Asimismo, Atkinson supo, para no sacar tarjeta, aplicar bien la ventaja puesto que sabía que los dos equipos podían quedarse sin jugadores para disputar la final por acumulación de tarjetas. En resumen, el colegiado inglés protagonizó un arbitraje para no complicarse la vida.