Irán vomitó una monarquia que gastaba sin consuelo en 1979 con al sah Reza Pahlevi al mando. Ahora quiere mandar al otro lado de la historia a la religión que les oprime fuera de tiempo en formas y maneras con el Ayatolah al mando del país. La solución, en un país con tanta historia y con diversos pueblos, la dió el poeta iraní, hace siglos, Omar Kheyayam, en una cuarteta de Rubayyat; “Vale más, cuando amanece el día, el erupto de un beodo, que el rezo de un hipócrita”
Ver un país tan hermoso sangriento, estremece. En Gaza tiñen de rojo los que dicen creer el Dios de los Judíos; el mismo que el de los Ayatolah.