En Madrid cambian de entrenador como de chaqueta, convencidos de que el problema nunca es el modelo, sino quien se sienta en el banquillo. Aquí seguimos creyendo en proyectos largos, paciencia y raíces, incluso cuando cuesta. Será cosa de identidad. Algunos lo llaman crisis deportiva; otros, centralismo nervioso buscando milagros exprés cada primavera. Lo de construir parece menos rentable que pulsar el botón de reinicio.
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