Hace 40 años y más, transitamos, dicen, de una dictadura militar a una democracia. El paso fue incierto, débil y con muchos restos de lo anterior. Construyeron una democracia con el ruido de sables sobre nuestras cabezas. De repente todas y todos que ensalzaban y protegían la dictadura pasaron a ser demócratas convencidos, de su propia democracia. ¡Claro está! De la que ellas y ellos estaban construyendo a medida de sus intereses, con sus LOAPA a pie de BOE. Dos veces el pueblo español había despachado a los Borbones de España, primero con el general Prim y después en 1931 con la II República Española. Y por tercera vez Franco nos impuso a los Borbones y seguimos manteniéndolos aquí, dando ejemplos escandalosos y de enriquecimiento mientras el pueblo español ha pasado una de las crisis más duras de la historia. Ojalá sea por tercera vez y última. Esta democracia, la española, a su estilo, dio paso a los partidos políticos, se creó un popurri de partidos que a lo largo del tiempo nos llevaron a mantener el bipartidismo español donde la derecha española es representada por el PP y la izquierda, por el PSOE, mientras los demás partidos, la izquierda oficial, los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos quedan relegados a los huecos libres del Congreso de los Diputados. Todo está manga por hombro y muy difícil va a resultar salir de este atolladero y callejón sin salida, salvo que surjan líderes políticos y sociales que den un paso al frente y propongan proyectos y planes claros de regeneración, sean creídos y respetados por el pueblo y desarrollen su trabajo sin mirar sus propios intereses y con un plan de transparencia y eficacia controlado y supervisado por el pueblo.
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