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Sarrail begitik

Luis Javier Tellería

Dormidos

Ama seguía a gusto conmigo, se queda y le pregunto por Aita. Me dice que, como siempre, consigo mismo. Le cuento el recuerdo que tengo de él cuando tenía 13 o 14 años y le empecé a preguntar hasta qué hora podía quedarme en la calle, y un día, muy serio, me dijo que lo fundamental era que cuando él se levantara yo estuviera en la cama. Preguntado sobre a qué hora se levantaba, contestó que eso yo lo debía averiguar. Ama comenta que eso le recuerda a las actitudes de los diferentes pensamientos políticos. Sorprendido, le espeto que siempre anda con lo mismo, que lo de Aita nada tiene que ver con la política. Me dice que si estuviera despejado y me fijara un poco, descubriría que hay organizaciones, mayoritariamente alineadas con la izquierda, que movilizan la calle para protestar por el genocidio de Israel contra Palestina, mientras que hay otros partidos, generalmente de derechas, que gritan por la liberación de Venezuela y por la invasión de Rusia a Ucrania. Le comento que con lo espabilado que soy no había caído en el tema, y ella continúa comentando que de eso poca gente se da cuenta porque está ensimismada o echando la siesta, y en esa condición las cosas nos pasan más desapercibidas, que es lo que le pasaba a Aita cuando dormía y no se enteraba que yo hacía el crápula por ahí, mientras que al despertarse observaba tranquilo que estaba seguro en casa. Estar dormido o despistado no nos deja ver lo que está ocurriendo, como no vemos que a los que piensan de izquierdas no les preocupa ni Venezuela ni Ucrania, y a los que piensan de derechas no les interesa Palestina. Me gustaba Aita dormido cuando yo estaba de farra, me inquieta que nosotros lo estemos cuando hay gente que diferencia las injusticias y la falta de libertad según el color del dictador.