Era un periodista para recordar, porque crecimos con él. Vimos guerras en directo, como corresponsal; entrevistas con mandatarios de todo el mundo; situaciones económicas difíciles de esta tierra que continuamente sueña con el espacio.

Su sonrisa abría la pantalla y nos contaba lo que veía. Diego Carcedo, para mí, fue especial. Me presentó en Madrid, junto a Enrique Barón, expresidente del Parlamento Europeo, mi novela Leonora. Empezó a hablar de esta modelo de Gustav Klimt y compositora de música como si la conociera de siempre, y la hizo palpable.

Entre el público vi a Cristina García Ramos. Nos abrazamos por el reencuentro; no sabía que era la mujer de Diego Carcedo. Hacía años que no nos veíamos. Trabajé con Cristina en Madrid, en los Telediarios de Fin de Semana. Fue un periodo precioso y familiar. Éramos un equipo pequeño, muy unido. Recuerdo a un Joaquín Prat jovencísimo, que presentaba los deportes. Venía a Prado del Rey con vaqueros y camiseta; entraba en el vestidor y se ponía una camisa, una corbata y una chaqueta que siempre le sentaba genial.

De Cristina me encantaba cómo daba las noticias, con esa voz cantarina de samba canaria. Luego presentó Corazón, corazón, pero no volvimos a vernos. La he vuelto a ver ahora en una foto con su marido y sus dos nietos, apoyada en la mano de Diego, con motivo de su fallecimiento el domingo.

Cuando alguien muere —me pasó hace poco con otro amigo periodista— caemos en la tentación, disculpable, de decir que era estupendo, que le queríamos todos porque, fundamentalmente, era una buena persona. Así, con 86 años y una maleta llena de palabras, vocacional, con miles de noticias apiladas en sus compartimentos, se ha ido Diego Carcedo.

Fue director de los Servicios Informativos de RTVE; director de Radio Nacional; enviado especial en América a la “Guerra del Fútbol” entre Honduras y El Salvador o al terremoto de Áncash, en Perú; corresponsal en Lisboa y Nueva York; miembro del Consejo de Administración de TVE; presidente internacional de la Asociación de Periodistas Europeos (APE); Premio Antena de Oro; Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo; Premio APEI de la Asociación de Profesionales de la Información de Radio y TV; Premio Espasa de Ensayo…

Escribió numerosos libros: Neruda y el barco de la esperanza; El Schindler de la guerra civil; Sáenz de Santamaría, el general que cambió de bando; Fusiles y claveles, revolución de Portugal, 23 de abril; 23-F, los cabos sueltos; Un español frente al Holocausto, como Ángel Sanz Briz, salvó a 5.000 judíos; Sobrevivir al miedo; Entre bestias y héroes; Los españoles que plantaron cara al Holocausto; El niño que no iba a misa…

Un todo para ser feliz y hacer felices, como lo hizo, a los demás.