Casi nos creemos que esta Semana Santa el debate de la calle sería el papel de las mujeres en las cofradías de penitentes y procesiones. Amagó la polémica, pero no llega a prioridad. Las fiestas tradicionales son un reducto extraño. Por fiestas o por tradicionales, parece que no opera en ellas el afán de igualdad entre géneros, lo que tiene una lógica sarcástica en tanto no ha sido antes parte de la tradición.
No escupamos tampoco muy arriba, que aquí todavía estamos penando la fractura social de los alardes -sin despreciar el daño político al sereno-. Admito que soy de los que aspiraban a que la creciente intervención de la mujer en la definición de nuestro modelo social ayudara más a que los hombres guardáramos las escopetas que a que ellas desfilaran con las suyas. Bien es verdad que tampoco pide nadie que en Cintruénigo o en Balmaseda, la Pasión en la cruz la interprete una vecina ni que, de hacerlo, se fuera a lograr con ello un hito del sentido común que requiere construir la igualdad.
La gota que colma
Si se va Trump, volverá el próximo
OTAN. Cada vez que Donald Trump no impone el forro de sus caprichos a Europa, le da por decir que se va de la OTAN. Acaba de hacerlo de nuevo a la vez que busca la forma de retirarse de Ormuz con el rabo entre las piernas y que parezca que no se va, solo se acerca en dirección contraria. Si EE.UU. decide abandonar la OTAN, el dolor de cabeza de sus secretarios de Estado y de Defensa batiría récords por tener que negociar la estancia, el estatus legal y jurídico de sus militares y sus bases en el Viejo Continente país por país. Como no le dará de sí en su legislatura, el próximo presidente ya se alejará de vuelta.
Pero, como en todas partes cuecen habas, ahora en Cuenca un grupo de mujeres de Valera de Abajo (Cuenca) ha denunciado la prohibición de participar en la fiesta de moros y cristianos. Esa no es mala, tampoco. ¿De qué lado iría Santiago Abascal si fuera invitado por una comparsa de Alcoy?
¿De cuál los aficionados de ‘la roja’ que se divirtieron el martes cantando en Cornellá “musulmán el que no bote” durante el partido ante la selección de fútbol de Egipto? Es curioso que haya hecho falta el sesgo evidente para que se debata sobre lo feo que es en este caso por las connotaciones xenófobas, que seguro que tiene.
Y más curioso aún que en nuestros campos normalicemos a quienes proyectan su frustración por le resultado cantando “español el que no bote” o, cuando viajamos a los ajenos, otros normalicen a los del “puto vasco el que no bote”. En la fiesta, mueren más peces por lo que sale de sus bocas que por lo que entra.