Recuerdo cuando, hace más de 50 años, un grupo de amigos cansados de no ligar con nadie ni con nada creamos, en homenaje al pecador hijo de Judá, la asociación de amigos de Onán, de la que llegué a ser orgulloso vicepresidente, a un paso del One. Ante la imposibilidad de aplicarnos al intercambio amoroso buscamos el amor propio. Algunos miembros de la asociación transitamos con el tiempo a relaciones de pareja, otros se han mantenido en la honra a Onán, incluso algunos emparejados volvieron puntualmente al respeto del hijo de Judá, pero en general hemos evolucionado saltando entre las diferentes prácticas sin que resultara incoherente. Nos aplicábamos en cada momento a lo que tocaba sin confundir los términos, evolucionado a lo largo de nuestra existencia de un modo de relación a otro sin que tuviéramos mayor conflicto que el miedo que pudimos pasar cuando los curas y frailes nos alertaban de quedarnos ciegos en caso de exceso de amor a nosotros mismos. Miedo que una vez superado, ancha es Castilla! Al contrario que nosotros, si uno se fija en lo que acontece alrededor se da cuenta que esos conceptos de amar a los demás y amarse a uno mismo llevan al equívoco a mucha gente, y lo que es peor, pretendiendo confundirnos a los demás. Así, observando lo acontecido en Tubos Reunidos, resulta que a los sindicatos se les llena la boca llamando ‘amor democrático a los trabajadores’ a lo que es un onanismo sindical de mirarse a ellos mismos impidiendo un referéndum que les podría dejar en evidencia. O el día 17 utilizaron la táctica de movilizar piquetes de parecer que piensan en todos para empujarlos a la huelga general, para poco después degustar los piquetistas autosatisfechos un almuerzo onanista en el bar esquirol. Es una falta de respeto llamarle amor al prójimo al onanismo.