Sin saber sobre qué escribir busqué ideas hasta descubrir el paso por Gasteiz de D. Ramón Andrés, del que me llamó la atención que era filósofo, poeta y musicólogo, elenco de conocimientos que le convertían en atractivo. De lo que sobre él leí me quedé con la contestación que hizo a una entrevista diciendo que “la sociedad necesita música, poesía y lentitud”. No puedo estar más de acuerdo con aplicarme a mí la máxima, pero pienso que mucha gente, sobre todo en la administración y lo de la lentitud, se lo asignan desde hace tiempo para nuestra ruina, convirtiendo la poca velocidad en un modo de ser. Quizás, al menos en ese ámbito, sería bueno que la poesía y la música la dejen para fuera de la oficina y la lentitud para los fines de semana. Cogida la veta para hablar de algo, la reflexión me lleva al libro “Abundancia”, de los periodistas Klein y Thompson, quienes cavilan sobre crecimientos necesarios que se estrellan muchas veces con la inmensa red de normas preventivas y burocracia generada por las administraciones, a lo que añadiría la lentitud, que se ha extendido cual plaga, explicando los ejemplos de la imposibilidad de construir viviendas y ferrocarriles comprometidos presupuestariamente en California. Aquí, en Euskadi, no se puede entender que, ante la convicción social de abordar urgentemente la sustitución de energías fósiles por otras limpias mientras consumismos petróleo como locos, sigamos esperando, y van para cinco años, un PTS de energías alternativas, al tiempo que rechazamos proyecto tras proyecto porque queda feo o porque pasó un alimoche. Ya puesto, le recomendaría decencia, con lentitud, música y poesía o sin ellas, a la Bilduoposición del vasco parlamento para que no sea quien pida prisa en las energías limpias cuando ellos las paralizaron durante años.
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