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Eguneko autopsia

Iñaki González

A la política le falta un delantero centro

Entre la extrema derecha y la extrema izquierda, el juego político se lleva hasta la línea de fondo pero sus centros al área son irrematables y solo causan barullo

A la política le falta un delantero centroBorja Guerrero

Gran éxito anticipado de Vox con su concentración en Gasteiz. Ha logrado que se cierre la EHU por decisión de su equipo rectoral, encabezado por Joxerramon Bengoetxea. Unas decenas de provocadores consiguen que normalicemos que la única forma de que otro centenar de sentido contrario pero estética similar no busquen su propia visibilidad violenta es cerrar nuestras puertas y ventanas y dejarles la calle. Vano afán, la calle no estará vacía. No es Lady Godiva la que se pasea por nuestras calles sino dos extremos que se buscan y retroalimentan y la forma de parar a la extrema derecha no es una manada de violentos de extrema izquierda. En Gasteiz no se va a cumplir la teoría del “que se revienten todos en un descampado” para que no nos salpique.

En Francia se lo están mirando tras la muerte de un activista de ultraderecha a manos de militantes de ultraizquierda. Al provocador, ¿hay que matarle?; ¿hay que empatarle en provocación?; ¿hay que aprovecharlo como excusa para hacerse notorio uno mismo? El sí como respuesta a esas preguntas y alguna más equipara a los extremos políticos, siempre dispuestos a correr ciegamente hasta la línea de fondo y mandar el balón al área sin mirar porque, lo importante, es que haya bulla, no saber rematar a gol en política.

La gota que colma

La transición en Venezuela

Ley de Amnistía. Ya se ha cumplido con un compromiso pendiente para iniciar una transición en Venezuela, pero hay demasiados flecos colgantes. El cierto que la unanimidad parece un consenso, pero cuando está dirigida es más que cuestionable. La ley de amnistía va a sacar a cientos de presos a la calle y se va a olvidar de unas decenas. Y, sobre todo, se va a olvidar de pedir cuentas al régimen. Hay quien ve en Delcy Rodríguez la Adolfo Suárez de Caracas: cargo del régimen que, consciente de que no da mas de sí, salva los muebles. El referente de la transición española reproducirá sus errores.

Que se lo digan a Ortega Smith, cofundador de Vox y laminado por Santiago Abascal. El presidente de ese partido recuerda a un guion de Goscinny que contaba cómo un patricio romano proponía a otro formar un triunvirato... entre los dos. El otro asentía mientras pensaba en formar el triunvirato él solo. Algo así le pasa al otro lado: Ione Belarra no quiere oír hablar de la unidad de las izquierdas que agita Gabriel Rufián porque, en el fondo, ella, igual que Yolanda Díaz, Irene Montero, Antonio Maíllo, Oriol Junqueras y Arnaldo Otegi, tiene la convicción de que solo su facción atesora la ortodoxia para liderarla en su marco territorial. Y allá va bombeado otro balón.