Sin pretender ser radical, tampoco parece momento de ser incautos: el vínculo transatlántico pende de un hilo y en el lado americano nadie lo va a recoser. La actitud de la nueva administración estadounidense hacia lo que representa Europa –social, ética, política y económicamente– es abiertamente hostil. Trump logró el viernes de todo el mundo que reprodujéramos su advertencia sobre la Tercera Guerra Mundial. Su comportamiento legitima cuestionarse de qué lado estaría él en ese conflicto. Si parece un pato, grazna como un pato y marca el paso de la oca... no parece que del lado de los valores democráticos.
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