N Estado en guerra solo sirve como excusa para la tiranía doméstica". La frase nació en la Rusia estalinista y fue escrita por un artillero soviético superviviente de la que se considera la mayor batalla de tanques de la historia, la de Kursk, en 1943, cuando el ejército rojo detuvo inesperadamente una enorme ofensiva alemana apenas a dos horas de coche de Jarkov, donde matan y mueren hoy, ochenta años más tarde, ucranianos y rusos. De su autor, premiado en 2007 con el Premio Nacional a la Labor Humanitaria de Rusia, Vladímir Putin destacó entonces "una vida entera dedicada a la patria" y sus "firmes principios morales". Meses más tarde, tras su muerte, al inaugurar en Moscú un monumento en su memoria, diría de él que "siempre distinguió con claridad entre la verdadera y auténtica Rusia y las particularidades del régimen totalitario que trajo sufrimiento a millones de personas" (y al que Putin sirvió en el KGB). Entre ambos discursos, el antiguo artillero, muy limitado en sus movimientos pero aún clarividente, pudo enviar un mensaje televisado a los rusos: "Al ocaso de mi vida, me atrevo a esperar que el material histórico presentado al público perdure en la conciencia de mis compatriotas". Enviado al gulag por primera vez por sus críticas a Stalin un año después de haber luchado en la batalla de Kursk, Aleksandr Solzhenitsyn distinguiría hoy entre Rusia y su regimen, protestaría contra la invasión de Ucrania, excusa para la tiranía doméstica, y apelaría a la conciencia de la ciudadanía rusa.