Por ejemplo
E algo sirve aún esta baqueteada profesión si al menos -qué menos- logra sacar de sus casillas a los mandamases que en el mundo son. Cuando el virus de la desinformación ha pasado de una década a otra y la contínua irreverencia comunicativa limita ya con la desverdad, que los dos últimos presidentes de Estados Unidos, Donald Trump y Joe Biden, cada uno en el ejercicio de su cargo, no hayan podido, o querido, contener entre dientes un "sonofabitch" (el castizo joputa en english) dirigido a un periodista de preguntas incómodas -Chuck Todd, NBC, 12 de marzo de 2018 el primero; Peter Doocy, Fox News, 24 de enero de 2022 el segundo- reconcilia el periodismo con principios llevados al naufragio por el océano de bits que surcan los navegadores. Ese en el que una foto y cuatro líneas urdangaríneas entretienen durante una semana los efectos del IPC de diciembre en los bolsillos de enero. En el que los gintonics de Boris Johnson embriagan los sentidos ante despropósitos de gestión pandémica sin Canal de la Mancha de por medio. En el que nos dicen al momento que bombardeos Sukhoi rusos sobrevuelan Rostov y Krasnodar pero no que los restos de un satélite Starlink de la compañía SpaceX, 260 kilos de chatarra espacial, solo han durado un año en órbita y acaban de cruzar en una bola de fuego toda la península para caer al Cantábrico a la altura de Asturias. Fue hace siete días. Y podía haber caído aquí al lado incluso. Sirva de ejemplo.
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