Negar la realidad

07.03.2021 | 01:36
Negar la realidad

EL negacionismo se define como el rechazo a aceptar una realidad verificable. Se puso de moda cuando no pocos negaron –y siguen negando– que la Tierra sea plana, como un disco circular y plano y en torno al cual el Sol y la Luna giran a su alrededor. En el caso de los negacionistas antivacunas es un movimiento al alza en muchos países, no solo aquí.

Cuando se observa con detalle la condición del negacionista, lo que hay detrás es alguien que se maneja al margen de la lógica y de la ciencia para construir sus propias realidades y expectativas. Muchos de ellos han hecho famosa la dietrología, un palabro siciliano sobre la teoría de la trama que combina parcelas incompletas del saber convenientemente mezcladas que abocan a que entendamos una realidad no por hechos constatables, sino atendiendo a una mezcla múltiple de causas posibles y sobre todo ocultas.

Dicha pseudo ciencia acaba atribuyendo la causa de un evento o cadena de eventos a una conspiración. Este tipo de reconstrucción suele subvertir el sentido común y la verdad comúnmente aceptada y probada. Por tanto, permite que se esgriman dudas sobre los datos ya comprobados de la implicación humana en el cambio climático; que se afirme como real la falsedad del Holocausto; que la Tierra es un planeta plano o que se dé por validado el peligro de las vacunas anticovid-19. Son muchas las personas dispuestas a entrar en este juego excitante de construir una realidad alternativa basada en propuestas insolventes que no se somete a ningún tipo de rigor mientras se abrazan a cualquier cosa que circule por Internet y lo defienden como irrefutable con descaro.

Son personas que se muestran ofendidísimas por todo y necesitan denunciarlo todo en nombre de la libertad. Una curiosa manera la suya de entender la libertad sin responsabilidad que no valora la libertad de los demás al actuar según su propia voluntad y apetencias. Se olvidan de que la libertad implica asumir la responsabilidad de nuestros actos, es decir, de estar comprometidos ante las consecuencias que surjan de las decisiones tomadas.

Resulta fácil, pues, comportarse como Miguel Bosé o Victoria Abril haciendo propuestas o denuncias que son meras manipulaciones o malas interpretaciones, a veces con cierta base real pero tergiversada. De hecho, tienen muchos seguidores. Hablan y acusan muy ofendidos sin que les importe la trascendencia de lo que dicen si logran que otros personajes como Alaska y Mario Vaquerizo hablen de ellos en términos como "personas valientes que no se autocensuran" o acusen de que "nos están amordazando y hay que ser libre". Como decía, es una postura fácil pero muy irresponsable porque, además, se permiten ir sin mascarilla arriesgando su salud y la de los demás.

Leo que el velocista jamaicano Yohan Blake asegura que prefiere perderse los próximos Juegos Olímpicos a tener que vacunarse de covid-19. Ahí queda eso. Siendo fácil hablar así, lo peor de todo esto es que no van a asumir el coste económico de los cuidados médicos que se precisen en caso de contagiar o de contagiarse de coronavirus. Lo pagaremos entre todos.

Lo dije en una reflexión anterior y hay que repetirlo: cuánta claridad aportarían al debate si el despecho con el que se manifiestan los negacionistas viniera acompañado de una declaración jurada en la que se comprometiesen a pagar los gastos médicos en caso de contagio propio; o pagárselos a quienes se pueda probar que fueron contagiados por su actitud negligente, por decirlo suavemente, mientras acusan a los científicos de poner en peligro a todos.

Para terminar, echo en falta una actitud más activa en el mundo científico y político, con tolerancia cero a esta gente, sobre todo cuando hay tanto en juego. Creo que el Gobierno y las instituciones actúan con retraso frente a las teorías de la conspiración sabiendo, como todos sabemos, que las mentiras siempre van más rápido que la verdad. Por tanto, no hay que dar ventaja a las creencias negacionistas ni a quienes sostienen obsesivamente que, tras la apariencia de las cosas, hay una conspiración urdida con fines inconfesables. Y la manera de hacerlo es mediáticamente, con profusión pedagógica en los medios de comunicación refutando este desatino para que la realidad quede a salvo.

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