Mesa mala
El pasado 25 de noviembre recordamos con estupor el horror de la violencia machista. Como todos los años, después del frío recuento de víctimas, muchos nos preguntamos: ¿Y aparte de llamar al 016 qué más se puede hacer?
Permítanme que les pinte una escena cotidiana aparentemente inocente. Un niño da sus primeros pasos, y al pasar junto a la esquina de la mesa de la cocina se tambalea y se golpea en la cabeza. Rompe a llorar. Alguien de la familia, tal vez su madre, con el ánimo de consolarle, le coge su pequeña manita y juntos golpean la mesa. "Mesa mala. Mala mala y mala. Tas, tas".
El niño sonríe entre lágrimas de un modo que antes no había hecho nunca. Hoy ha aprendido qué hacer cuando siente dolor y rabia. "Mesa mala. Tas, tas". La culpa siempre es de los otros. El dolor y la rabia que uno siente se pueden mitigar mediante la violencia sobre los demás. ¿Qué pasará dentro de unos años, cuando en otra cocina, una mujer, le diga algo que le cause dolor y rabia? De acuerdo. Tal vez me esté pasando. Entre el "Mesa mala. Tas, tas" y el "Puta, zorra. Zas, zas" hay un trecho. Pero, ¿no es el mismo modo de resolver los problemas?
De acuerdo, falta el componente machista, la denigración de la mujer, la visión del amor como posesión... Pero en el fondo, en los dos casos hay una clara "intolerancia a la frustración", una incapacidad de resolver los problemas que no surge en un día.
La clave, como siempre, está en la educación. No en los colegios. En la educación, desde que son bebés.
¡Hijo! Aprende a andar. Aprende a soportar el dolor. Aprende a llorar. Aprende a caer y a levantarte. La próxima vez ten más cuidado con la esquina de la mesa. Ella no es mala. No la pagues con ella. Tú aún no has aprendido a andar solito por la vida. Hasta que no aprendas a encajar los golpes que te da la vida no podrás disfrutar de ella. Un beso. Ese dolor que ahora sientes pasará. Esa rabia, esa impotencia que te hacen sufrir desaparecerán. Y volverás a sonreír. Y volverás a andar, y a correr y a ser feliz. Te quiero.