EL candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno español, Alfredo Pérez Rubalcaba, arrancó ayer su particular campaña para las elecciones con un cuidado y estudiado pero a estas alturas poco creíble giro hacia la izquierda, con guiños continuos al electorado que los socialistas han ido dejando por el camino -e incluso a "los indignados"-, sobre todo tras la adopción de duras medidas de ajuste y de recortes sociales. Poco creíble porque estas medidas se adoptaron siendo él vicepresidente de ese Gobierno del que ahora parece alejarse y porque la situación económica real y las circunstancias que obligaron a Zapatero a efectuar esos ajustes se mantendrán a medio plazo. Eso sí, es posible que este giro izquierdista en el discurso le dé votos y recupere la confianza de una buena parte de su electorado, profundamente desencantado con lo hecho. Con todo, es claro que Rubalcaba ha empezado a ejercer como candidato socialista con todas sus consecuencias. La decisión de abandonar el Gobierno y centrarse en su nueva tarea se había demorado más de lo aconsejado -Felipe González le recomendó hace unos días que tenía que salir "ya" para meterse en la arena electoral- y más de lo deseado -el PP estaba impaciente por iniciar el cuerpo con su contrincante, más allá de la cámara baja-. Pero el cabeza de lista de los socialistas quería marcar sus propios tiempos. "No puedo atender a todo", reconoció, aludiendo a las dificultades que se iba encontrando en el día a día. Pero no era ese aparente exceso de trabajo lo sustancial, sino la urgencia de ir cubriendo la falta de liderazgo de un Rodríguez Zapatero que se ha apartado de la escena desde que anunció que no repetiría, dejando un peligroso vacío de poder y un tiempo muerto en el relevo que no ha servido sino para que el PP se envalentonara más por días y multiplicara su agresividad dialéctica. Rubalcaba, por otro lado, lleva prendida la incógnita de saber si es el mejor candidato para salir del paso o una apuesta de futuro. El ya exministro tiene una dilatada trayectoria que abarca veinte años de la historia del partido: desde Felipe González (ya tenía cartera en 1992) hasta Zapatero. Ha tenido que lidiar con numerosos asuntos espinosos que manchaban la imagen del PSOE pero, por otra lado, ha ganado peso en su lucha contra ETA. Pero en la próxima cita con las urnas, quizá sea más relevante aportar recetas económicas y, sobre todo, credibilidad, que hablar de terrorismo. De momento, sus ejes de campaña son tres: escuchar, hacer y explicar. Dos de esos tres verbos ya los ha conjugado como portavoz del Gobierno. El de hacer, que parece el más simple, es el que entraña hoy más complicaciones. Su discurso de ayer, una especie de hoja de ruta con recetas que se sitúan en la izquierda más tradicional y hasta populista, tiene el inconveniente de que para "hacer", primero tendría que "deshacer". Y eso es aún menos creíble.
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