LOS euskaltzales y el movimiento de las ikastolas de Iparralde se merecían el baño de masas que tuvo lugar ayer con la celebración del Herri Urrats en Senpere. La grave situación que atraviesa el euskera en el norte de Euskal Herria, la falta de recursos para ofrecer una enseñanza de calidad en lengua vasca y la incomprensible y denunciable ausencia de cualquier tipo de apoyo o ayuda por parte de la administración del Estado francés dibujan un panorama preocupante para el futuro de nuestro idioma. Solo la férrea voluntad y determinación de padres, profesores y centros en su apuesta por la educación euskaldun está consiguiendo que el euskera no retroceda aún más y quede abocado a su desaparición. Por ello, es importante cualquier tipo de apoyo a quienes ponen todo su esfuerzo material y humano en la pervivencia del euskera. El responsable de las ikastolas de Iparralde Seaska, Hur Gorostiaga, insistió ayer en este sentido, tras el indudable éxito de esta edición del Herri Urrats, al tiempo que no ahorró críticas a la actitud de la administración gala, que ni siquiera envió un representante pese a haber sido invitado de forma expresa. Uno de los puntos que más subrayó Gorostiaga es la creciente demanda de alumnos en el sistema de inmersión lingüística, lo que representa la gran esperanza para nuestra lengua pese a que la falta de profesores dificulta seriamente esta labor. También en esta cuestión es fundamental el apoyo de otras instituciones, en especial el Gobierno vasco. El Ejecutivo López, sin embargo, ha rebajado las subvenciones a las ikastolas de Iparralde que ofrecían las administraciones anteriores, aunque mantiene cierta ayuda. Sería, por tanto, muy necesario un mayor compromiso para el fomento de la lengua vasca. Y es que no todo termina con la euskaldunización de la enseñanza, sea en Iparralde o en Hegoalde. Tal y como publicó ayer DEIA con datos del Anuario de la opinión pública vasca, el conocimiento del euskera -que alcanza al 45% de la población que dice comprender bien o bastante bien el idioma- no garantiza su uso. De hecho, según estos datos, solo dos de cada diez familias vascas utilizan el euskera para comunicarse. La inmensa mayoría, el 77%, lo hace en castellano. Asimismo, en las relaciones con los amigos los vascos utilizan también mayoritariamente el castellano, al igual que en las relaciones profesionales. Todo ello pese a que la misma encuesta refleja no solo el prestigio del euskera sino también el amplio consenso que existe en favor de las políticas lingüísticas de fomento de la lengua, de suerte que incluso la mayoría rechaza rebajarlas pese a la crisis. Con estos datos, la administración debe dar un salto cualitativo para implementar también políticas que favorezcan el uso cotidiano del euskera entre la población como garantía de su pervivencia en un futuro inmediato.