MIENTRAS las distintas fuerzas abertzales celebraban ayer la 80º edición de Aberri Eguna, ETA no quiso perder ocasión un año mas para, de forma patética, hacerse visible también en una fecha de alta significación para miles de vascos, mediante un comunicado que, tristemente, no aporta novedad alguna. Y no lo hace, en primer lugar, porque no dice lo que la inmensa mayoría de la sociedad vasca espera, sobre todo, en tiempos de esperanza en el logro de la paz, que no es sino el cese definitivo de su actividad violenta. Cada vez queda más claro, y se expresa de modo especialmente sentido en cada Aberri Eguna, que la mera continuidad de ETA resulta un anacronismo insoportable para una sociedad como la vasca, que ha dejado sobradas pruebas de que lo único que quiere de la organización terrorista es su desaparición. Y es precisamente este deseo el que nuevamente queda frustrado a tenor de lo que dice el comunicado publicado ayer por el diario Gara. O, más bien, de lo que no dice, porque en esta ocasión es mucho más significativo y revelador lo que la organización armada calla que lo que realmente dice, por mucho que el comunicado esté destinado de modo exclusivo al consumo interno de las bases de la izquierda aber-tzale. Porque ETA no habla del tiroteo al gendarme francés; ni atiende el requerimiento que le hicieron los firmantes del Acuerdo de Gernika pidiéndole una reafirmación en su alto el fuego; ni, por supuesto, desliza ninguna pista que permita atisbar que el ciclo de la estrategia militar ha llegado a su final. El comunicado escamotea a la sociedad vasca de forma incomprensible todas estas cuestiones. Lo que sí pretende ETA de forma cínica es mezclar su actividad armada con la lucha que amplios sectores de la sociedad vasca han protagonizado en favor de objetivos tan nobles como el euskara con las ikastolas o el bienestar social con las cooperativas. Como si todo formara parte de una misma estrategia liberadora de Euskal Herria, como si fueran luchas complementarias en las que hay que perseverar hasta lograr la independencia, meta hacia la que ETA mira en primera persona del plural. El escrito deja, una vez más, una inquietante sensación de ambigüedad, de que sirve para una cosa como para su contraria. ETA habla de una "nueva era" pero no sabemos si en ese viaje ella tiene sitio o no y, sobre todo, qué papel pretendería jugar; habla de luchar por la independencia pero se ignora si las armas tienen cabida en ese objetivo o ya no lo tienen. Esa falta de claridad sitúa al actual momento político en una situación de incertidumbre indeseable que no se despejará por mucha apelación a la confianza y al esfuerzo para favorecer escenarios de paz. Es a ETA a la que corresponde despejar, y cuanto antes mejor, las incógnitas que aún suscita su mera existencia.