Inés tiene 5 años, es de Getxo y vive con su familia en Catar. Desde que el país se vio envuelto en una creciente tensión por los ataques de EE.UU. e Israel a Irán y la respuesta de este último, la pequeña decidió actuar. Con un cohete de cartón, hecho con la caja de un frigorífico, se propuso una misión diplomática para que los bombardeos terminen.

En una conversación con EFE a través de WhatsApp, Inés contó cómo, desde el sótano de su casa en Doha, una zona residencial donde reside gran parte de la comunidad internacional, había decidido tomar cartas en el asunto. La familia, que sigue los mensajes de alerta de sus embajadas, estaba en ese momento bajo tierra, siguiendo las indicaciones oficiales por la situación de alarma.

Este sábado, tras desayunar y mientras se preparaba para ir a la playa con su hermano y sus padres, la alarma comenzó a sonar. Los móviles de los progenitores empezaron a recibir mensajes instando a la población a mantenerse en casa, con las puertas y ventanas cerradas, y a quedarse en los pisos inferiores. Irán había comenzado a lanzar misiles en represalia por los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel.

Día truncado

El plan de pasar el día en la playa se vio truncado, pero la familia se adaptó a la situación con juegos de mesa y manualidades, mientras esperaban con paciencia en el sótano. Fue entonces cuando Inés, con su característico espíritu resolutivo, se subió a su cohete de cartón, enfundada en su vestido de Frozen, y les dijo a sus padres: "Me voy a Estados Unidos a pedir que terminen las bombas".

Esta no es la primera vez que Inés demuestra su valentía. Nacida en 2020, en pleno confinamiento por la pandemia, su llegada al mundo ya estuvo marcada por la incertidumbre de los hospitales saturados. Un día después de dar a luz, madre e hija fueron dadas de alta. Ahora, cinco años después, Inés espera que, al igual que la rapidez con la que superó la pandemia, la guerra en Oriente Medio llegue pronto a su fin, para poder salir a jugar con sus amigas.

Mientras tanto, la familia sigue escuchando el ruido de los impactos de los misiles interceptados por las defensas aéreas cataríes. Aunque la situación es tensa, los padres confían en que, como sucedió en una crisis similar en junio, la zona pronto vuelva a la normalidad.

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Incertidumbre

A pesar de la incertidumbre, los niños de la comunidad en Doha han seguido durmiendo con normalidad. Los padres, sin embargo, siguen atentos a las alertas enviadas desde las embajadas, mientras observan cómo algunos vecinos, con el espacio aéreo de Catar cerrado, han retomado actividades cotidianas, como cortar el césped o organizar barbacoas en sus jardines. Según la madre de Inés, la situación ha comenzado a relajarse con el paso de las horas, aunque la prudencia sigue siendo clave.