Cantautores comprometidos: encuentros y desencuentros

Los músicos Silvio Rodríguez, Pablo Milanés e Ismael Serrano se han convertido en unos referentes de la música con mensaje en lengua hispana. "A mí me gusta analizar las letras y odio esas canciones de ahora que tienen rimas sencillas. 'El unicornio azul', la mítica canción de Silvio Rodríguez, es arte puro", asegura Benito Peciña

27.09.2021 | 13:34
Silvio Rodríguez, un artista con mucho que contar y poco que callar. A la derecha, Pablo Milanés.

La amistad entre Pablo Milanés y Silvio Rodríguez ha pasado por diferentes fases, no todas idílicas, como un reflejo involuntario del país que les ha tocado vivir. De la misma generación -ya que Milanés nació en Bayamo en 1943 y Rodríguez, de San Antonio de los Baños, al suroeste de La Habana, en 1946- ambos son los artistas más representativos de lo que se llamó la 'Nueva Trova Cubana', un movimiento no solo musical y artístico, sino también político, sobre todo desde que en 1972 la Unión de Jóvenes Comunistas propuso oficializar la corriente que renovó la música que se hacía en Cuba.

Noel Nicola, Augusto Blanca, Vicente Feliú, Martín Rojas o Eduardo Ramos también ayudaron a poner en pie la Nueva Trova. Dejó una huella extraordinaria. Sus tentáculos se extendieron a Latinoamericana y también ejerció una notable influencia en el Estado español. Cuando Noel Nicola murió en agosto de 2005, artistas de todo el mundo le recordaron recopilando 37 temas suyos, entre los que figuraba un veinteañero Ismael Serrano.

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Desde su estrenó en 1997 con el disco 'Atrapados en azul', hasta ahora, el cantautor no ha escondido su devoción por la obra de Silvio Rodríguez. Hace un año abrió un hilo en su cuenta de Twitter a raíz de una versión de 'Ojalá' registrada en el disco en directo '20 años. Hoy es siempre', de 2017. Los primeros pasos del músico madrileño están muy ligados al hombre que dedicó su canción más hermosa, la más inmortal, a una mujer llamada Emilia Sánchez, su primer amor. "Aprendí a tocar la guitarra con las canciones de Silvio. Aún hoy, después de tanto tiempo, sigo aprendiendo y disfrutando cada vez que sobre el escenario interpreto una de sus canciones. Uno de los momentos más felices de mi carrera fue la grabación de uno de mis temas con 'Silvio: Despierta'. Recuerdo claramente los nervios cuando escuché por primera vez su voz interpretando mis versos. Quién lo iba a decir. Le debo tanto€ Silvio eterno", culminaba un emocionado Serrano.

Pablo y Silvio, Silvio y Pablo, son dos nombres que durante mucho tiempo fueron casi indisociables. Se conocieron gracias a Omara Portuando en pleno contexto revolucionario. El flechazo fue inmediato. Pero la larga serie de colaboraciones entre los dos artistas fetiche de la canción cubana no puede entenderse hasta que entra en acción el músico y compositor Leo Brower. "Su contacto fue muy enriquecedor", reconoce Rodríguez. A partir de 1969 la carrera de los autores de 'Ojalá' o 'Yo pisaré las calles' nuevamente empieza a tomar forma labrándose un sólido futuro musical, tal y como recoge el documental 'Leo Brouwer: Homo Ludens' (Ángel Alderete, 2005). "En aquel momento, estos personajes, aislados, compartimentados, individualizados al extremo, no formaban parte del quehacer musical cubano. Llegamos a la conclusión de que había que juntar a esos monstruos de la creación y fabricar una carretera, una vía o varias", recuerda Browner.

A mediados de los años 70, la música de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez empieza a traspasar fronteras y ambos disfrutan de un gran éxito. 'Días y flores' (1975), el primer LP de Rodríguez, que incluía sonoridades jazz, tuvo sus más y sus menos con la dictadura franquista: la censura obligó a cambiar el título del álbum por 'Te doy una canción' y se eliminaron dos temas, 'Santiago de Chile' y 'Días y Flores', que daba nombre al disco. Tras la muerte de Franco las dos canciones fueron agregadas de nuevo. Al final de este viaje (con el himno 'Ojalá' como punta de lanza), 'Mujeres' y 'Rabo de nube', dedicado al vigésimo aniversario de la revolución cubana, marcan sus primeras cumbres artísticas y comerciales.

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Por su parte, Milanés también tuvo un despegue fulgurante. Entregó un disco de versos dedicados al revolucionario José Martí en 1974 (Versos de José Martí) y otro con textos del poeta Nicolás Guillén ('Canta a Nicolas Guillén') en 1975; luego vinieron lanzamientos que casi siempre han oscilado entre el amor y la política como el homónimo 'Pablo Milanés', 'No me pidas' o 'La vida no vale nada'. Recientemente, Universal ha puesto en circulación en las plataformas digitales la extensa obra del trovador, compuesta por 400 canciones y medio centenar de álbumes.

Durante los años 80 el idilio entre los dos máximos representantes de la Nueva Trova cubana continuó, con colaboraciones y giras conjuntas, profesándose amor mutuo, hasta que Pablo Milanés acentuó su disidencia revolucionaria tras el derrumbe de la Unión Soviética. Primero tímidamente, ya después de manera abierta y evidente ("La apertura cubana es un maquillaje"), en un momento en el que la relación con su antiguo compinche se había descompuesto y se habían enfrentado, al estilo de los hermanos Gallagher, por sus posturas políticas en un sonado rifirrafe en 2011.

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