Las Hermanas Greemwood, Natalia Martín y Beatriz Blanco, nos sumergen en el universo literario de El mar de los ocultos. De su mano, descubrimos cómo la fantasía puede ser también un vehículo de crítica social.

G.M.: Nos encontramos en pleno verano, una época en la que los adolescentes tienen más tiempo para leer. Si unos padres se acercaran a una librería buscando un libro de lectura juvenil, ¿cuáles serían los motivos por los que El mar de los ocultos sería perfecto?

Natalia Martín: Depende un poco de la edad madurativa del niño en cuestión, porque son novelas muy explícitas tanto en violencia, en escenas de acción, en sexo... Partiendo de ahí, si los padres saben qué tipo de libros leen o si han leído últimamente algo acorde a ello, diríamos que en el caso de El mar de los ocultos destaca el dinamismo entre los personajes. Creemos que contar la historia desde dos puntos de vista, los de Iduna y Enok, le da muchísimo dinamismo a la historia y creemos que ese enemies to lovers (de enemigos a amantes) engancha bastante.

G.M.: Dicen que los jóvenes no leen, pero el hecho de que ahora esté tan de moda hacer ediciones especiales y diseños tan espectaculares como el de su libro sugiere lo contrario. ¿Qué piensan al respecto? 

Beatriz Blanco: Es verdad que siempre está el estigma de que los jóvenes no leen. Sí que creemos que a lo mejor hubo un tiempo en el que se leía menos, pero consideramos que últimamente los jóvenes leen, y mucho. Los docentes de nueva generación quizás les hemos dado más libertad para elegir sus lecturas desde las aulas, los coles, las casas y los papis, que juegan un rol superimportante. Lo que hemos conseguido dándoles esa libertad de elegir su lectura es que tengan más amor por la misma. De esa manera, sí que estamos viendo que cuando ellos son capaces de elegir el libro o el género que quieren, leen muchísimo. Todo esto de las ediciones especiales y los cantos pintados responde a esa demanda, efectivamente, por parte de los jóvenes.

Natalia Martín y Beatriz Blanco también son profesoras. Javier Ocaña

S.C.: Las redes sociales también han ayudado a crear una comunidad de lectores que se siente parte de un grupo de fantasía o romantasy (romance y fantasía)... Son géneros que están de moda hoy en día.

Natalia Martín: Creemos que a día de hoy es el mayor escaparate que tenemos. Antes ibas a la librería y comentabas el libro con una amiga, y ya está. A día de hoy la comunidad es mucho más grande, más activa, porque estás en constante contacto con gente que lee lo mismo que tú.

S.C.: Cuando leemos su libro a veces puede recordarnos a Sarah J. Maas, incluso a Laura Gallego en algunos aspectos. No sé si fueron parte de sus influencias cuando empezaron a leer y a escribir.

Beatriz Blanco: Los primeros libros de lectura es algo que tenemos en común las dos. Laura Gallego fue nuestro referente cuando estábamos en primaria y en la ESO con ese tipo de lectura fantástica, sobre todo juvenil. Cuando pasamos a la adolescencia, en el instituto y en la carrera, empezamos a leer a otras autoras. Al final, vas un poquito acorde con lo que te pide cada edad. Ahí entraron en nuestro repertorio Suzanne Collins con Los juegos del hambre o Cassandra Clare con Cazadores de Sombras. Bebes un poquito de todo lo que has cogido de pequeño, de adolescente y de adulto. Ahora, como adultas, estamos leyendo a Sarah J. Maas, Armentrout y Rebecca Yarros. 

G.M.: ¿Cómo ha sido la experiencia de escribir a cuatro manos este tipo de lectura?

Beatriz Blanco: No hay un género que esté exento de complicaciones a las que enfrentarse a la hora de escribir. La fantasía es un género bastante complejo. Al generar un mundo de cero tienes que hacerlo ameno, pero también interesante, complejo y coherente. Estás presentando una cultura, costumbre, religión y leyes, todo totalmente nuevo al lector. No es nada sencillo, pero ambas tenemos la ventaja de que disfrutamos un montón trabajando en la creación de mundos de fantasía. Por otra parte, la romántica es para nosotras un ingrediente más a todo esto. Hay que buscar un equilibrio entre ambas.

S.C.: Esta historia tiene también algo de distópico. ¿Creen que podemos extrapolar algo de este mundo que han creado a nuestra realidad actual? 

Natalia Martín: Tanto en La tierra de los dorados como en El mar de los ocultos buscábamos dar un enfoque de reflexión y crítica social. Nos invita a pensar sobre las situaciones que ocurren en el libro y extrapolarlas a nuestro mundo. Es una lectura de fantasía un poco más adulta. 

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Beatriz Blanco: Lleva un reflejo de la sociedad actual, donde se encuentra ese toque distópico. Las distopías no dejan de ser realidades alternativas futuras. Queremos que la gente pueda reflexionar y quedarse con enseñanzas personales, porque tratamos temas como el duelo, el abuso de poder, la identidad, tomar las riendas de tu destino y trabajar por ello. Aunque sean libros de fantasía, llevan enseñanzas.

S.C.: Antes hablábamos sobre la falsa creencia de que los jóvenes no leen, pero ustedes fomentan la lectura desde distintos ámbitos, como las redes sociales, pero también a través de campamentos.

Beatriz Blanco: Por desgracia tuvimos que dejar de hacerlos, porque vino la pandemia y fue inviable seguir con ellos. Durante el tiempo que estuvo Tinta Digital A.L., que fue el nombre de la asociación sin ánimo de lucro que montamos en colaboración con la Asociación de Escritores de Madrid, disfrutamos un montón. Eran campamentos temáticos y literarios basados en diferentes libros. Cuando nosotras empezamos no había eventos literarios y esto llamó la atención de muchos jóvenes lectores. Llegó incluso a venir gente de Latinoamérica. El primer año fue de Harry Potter, el segundo de Percy Jackson, el tercero de Cazadores de sombras y el cuarto de Juego de Tronos. Es un ambiente en el que se crean vínculos y se crea comunidad.