El Racing Club de Lens, conocido popularmente como Lens, está considerado como uno de los clubes históricos del fútbol francés. Si bien, sus vitrinas no son precisamente una cosecha de éxitos. Su mejor época la vivió a finales del siglo pasado, cuando en 1998 alcanzó su primer título de la Ligue 1 y en 1999 conquistó la Copa de la Liga. Posteriormente llegaron una serie de descensos y ascensos, y actualmente el club asiste a su sexta temporada consecutiva en la máxima división gala.
En Lens, una ciudad que no alcanza los 35.000 habitantes y en cuyos dominios se decidió la Guerra de Flandes, estos días solo se habla de fútbol. Porque los Sangre y Oro, como se conoce al equipo por sus colores rojo y dorado, están siendo la gran revelación del fútbol europeo, un caso insospechado, más si cabe en un campeonato que parece predestinado para el Paris Saint-Germain. Porque si hay una liga dentro de las cinco grandes de Europa marcada por una clara jerarquía, esa es la francesa. El PSG encadena cuatro títulos consecutivos, una racha que nadie iguala o mejora en España, Inglaterra, Alemania o Italia.
El orgullo del pueblo
El Lens representa a un territorio obrero que vive deprimido después de explotar una industria minera que entró en declive en los años 70. La extracción carbonífera fue desapareciendo y a comienzos de los 90, el territorio entró en crisis. Parte de la población emigró en busca de sueldos. El desempleo se hizo fuerte en el lugar. La depresión coincidió con el auge y los éxitos del Lens, que se convirtió en motivo de orgullo y distracción para el pueblo. El equipo se transformó en un exponente de la clase humilde, en el representante de esa gente que se quedó en Lens atada por un fuerte sentimiento de pertenencia.
El equipo de barrio creado por un grupo de amigos en 1906 competía contra los mejores del país, como lo hace ahora. Es más, ha situado al todopoderoso PSG, vigente campeón europeo, a su zaga. El Lens lidera la Ligue 1. La diferencia con el PSG en la clasificación es mínima, de solo un punto después de 18 jornadas. Pero ahí sigue el Lens, dando guerra cuando nadie lo esperaba. En estos momentos vive embarcado en una racha de diez victorias consecutivas. Por de pronto, ha sido el campeón de invierno rivalizando con un PSG que atesora una plantilla diez veces más cara.
El Lens se ha revalorizado en los últimos seis meses gracias a su brillante actuación. Pese a ello, no figura entre los cien equipos más valiosos de Europa. La plantilla posee un valor de 115 millones de euros, según el portal especializado Transfermarkt. Por establecer un símil, el club de la liga española que más se le asemeja es el Espanyol, con 102 millones de tasación. El plantel catalán es el duodécimo más caro de su competición. El Lens, mientras, aparece como el noveno más cotizado de la Ligue 1.
La transformación
El mérito del Lens, por lo tanto, es considerable. Pero lo es más aún si se tiene en cuenta el contexto en el que está ocurriendo la sorpresa. El club norteño finalizó la temporada pasada en la octava posición. Apretado por la necesidad económica, el pasado verano tuvo que desprenderse de casi toda la plantilla. Traspasó a Kevin Danso (25 millones), Neil El Aynaoui (23,5), Andy Diouf (20), Przemyslaw Frankowski (7), Martín Satriano (5), Óscar Cortés (4), Morgan Guilavogui (4), Hamzat Ojediran (3) y Salis Abdul Samed (2,5). Además, cedió a diez jugadores y liberó a otros tres. Una de las bajas más relevantes fue la del entrenador, Will Still, que puso rumbo al Southampton de la segunda división inglesa. Una estampida.
Las operaciones reportaron 97 millones de euros en beneficios, sin tener en cuenta los 35 que ingresó en el anterior mercado de invierno por la venta de Abdukodir Khusanov al Manchester City. Pero el Lens tenía que renovarse por completo. En la época estival compró a doce jugadores con valores comprendidos entre los 1,5 y los 8 millones para completar un gasto de 56 millones. Además, captó a un jugador liberado y a otro cedido. Una completa revolución que abocaba al club a una época de transición con un equipo confeccionado a base de retales.
La construcción de Pierre Sage
La misión de dirigir al vestuario se le encomendó a Pierre Sage, que se encontraba sin equipo tras ser cesado la pasada temporada cuando ejercía como técnico del Olympique de Lyon. “Ya le ha aportado mucho al equipo: disciplina en los entrenamientos, especialmente en lo que respecta al estilo de vida y las reglas; tácticamente aporta algo diferente en comparación con la temporada pasada. Por supuesto, lleva tiempo porque tenemos muchos jugadores nuevos, pero las ideas son buenas y diría que su calma y serenidad durante los partidos son muy positivas”, explica Adrien Thomasson, portador del brazalete de capitán.
Sage ha logrado construir un bloque sólido en el que prima el concepto de colectivo. El Lens es el menos goleado (13) y el cuarto que más anota (32) de la Ligue 1. Sus virtudes son el contraataque y el balón parado, además de la fortaleza defensiva. Wesley Saïd y Odsonne Édouard aportan los goles, con ocho cada uno. Saïd ya estaba en el club y Édouard llegó a cambio de 3,7 millones. Florian Thauvin añade la magia. Costó 6 millones y ha sido nombrado mejor jugador de la Ligue 1 en septiembre, noviembre y diciembre. Sus actuaciones le han permitido regresar a la selección francesa seis años después. “Tiene un efecto dominó muy positivo en sus compañeros de equipo”, destaca el entrenador sobre el jugador de 32 años, cuya influencia trasciende de las cifras de 5 goles y 3 asistencias. Pero el grupo está por encima de todo, es el gran logro de Sage.
Con todo, el Lens parece haber obrado el mayor milagro del fútbol europeo esta temporada. Nadie confía en que se mantenga al frente de la clasificación ante la presión del PSG, pero en caso de caer, al menos durante unos meses habrá infundido alegría a una ciudad castigada. “Lo diré una vez más: para mí, el PSG es actualmente el mejor equipo del mundo”, proclama Sage, que pretende que sus jugadores mantengan los pies en el suelo. Solo así podrían ser capaces de emular los insospechados títulos alcanzados por el Montpellier en 2012 o el Lille en 2021, los únicos junto al Mónaco que desde 2011 han cuestionado la hegemonía del PSG. Por ahora, el Lens es la revolución europea.